La Opinión de Málaga
Sofia Rusova, activista social residente en Moscú, se dio de bruces por vez primera con las limitaciones de la guerra de Ucrania hace cerca de un año. Aterrizó en la república de Udmurtia, atravesada por el río Kama, afluente del Volga, en el centro de la Rusia europea, para visitar a su familia. Ya en la terminal aeroportuaria, al conectar su teléfono tras el vuelo, se dio cuenta de que carecía de conexión de internet, circunstancia que le impedía llamar a un taxi a través de una aplicación.
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