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Bajo un sol extraño
La Opinión de Murcia

Bajo un sol extraño

Fue un año prodigioso. Toda la población estaba conmovida ante la posibilidad de contemplar en condiciones óptimas un eclipse total del Sol. Nada así volvería a repetirse en decenios. Era como tener la posibilidad de contemplar el cometa Halley. Un año antes, la maquinaria social había empezado a poner sus mecanismos y resortes en funcionamiento. Primero se hicieron eco de la proximidad del fenómeno espacios de divulgación científica y los portales de internet, después la prensa y la televisión. Legiones de influencers y voceros digitales proclamaron la proximidad del eclipse. Un ejército de creadores de contenido, miles, cientos de miles si contamos por igual a bots autónomos y humanos, explicaron qué fenómenos orbitales lo provocarían, cómo se desarrollaría el alineamiento de los astros, y cuál sería la mejor forma de contemplar el evento en su integridad, de registrarlo, de captar la corona solar y, finalmente, de asociar y exhibir el perfil personal del mayor número de usuarios con las poderosas fuerzas del cosmos. Una pantalla con un gigantesco reloj de cuenta atrás se instaló en los edificios más emblemáticos de las ciudades. Los dígitos descendentes aparecían a todos horas en los recuadros de las pantallas de televisión.

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