Faro de Vigo
Si la muerte de un padre es siempre dolorosa, si se produce por suicidio al dolor se añade la incógnita de no saber nunca con certeza las causas que lo han provocado. Los que se quedan, hijos, esposa, hermanos, padres si aún vivieran, pasarán el resto de sus vidas tratando de contestar a los porqués, a las preguntas que se hacen sabiendo que nunca encontrarán las respuestas. El escritor Pol Guasch (Tarragona 1997) pasó por esa experiencia y, para conjurarla, escribió después de diez años la ¿novela? Reliquia, que acaba de publicar Anagrama, donde se hace esas preguntas sin respuesta: «Quisiera saber a qué te referías cuando escribiste que viviéramos la vida que no habíamos sabido vivir (…) Quizá se trataba de no haber olvidado lo suficiente. O quizá de haber olvidado demasiado». Y además las reacciones suelen incluir reproches por no haber actuado de otra manera: «¿Puedo volver a vivir contigo los años que no compartimos?».
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