Diario de Noticias
El domingo pasado, R.E. les contó a sus hijas, de 10 y 13 años, por qué llevaba casi nueve meses sin estar en casa. Por el alcohol, les dijo. Pero que se estaba curando. Que pronto volverían a ver a su papá recuperado. Y mientras lo recuerda casi se le quiebra la voz, aunque sonríe. Le queda poco más de un mes en el proyecto educativo de Proyecto Hombre. Ingresó a la comunidad terapéutica de Estella con una adicción al alcohol y a la cocaína que venía "de muy lejos". Tanto, que su mujer lo intentó y lo intentó durante mucho tiempo hasta que "ya no pudo más, no había manera" y se separaron. Él se enteró dentro. "Yo ya lo sabía, pero fue muy duro", admite. Con todo, reconoce que entró por un compromiso que tenía consigo mismo. Y, sobre todo, con sus hijas. "Quiero cuidarlas", dice, y no añade más porque no hace falta. Porque pedir ayuda, reconocer que uno solo no puede, es uno de los gestos de amor más grandes. Y también uno de los más valientes.
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