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Paula Blasi, historia del ciclismo español con solo 23 años
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Paula Blasi, historia del ciclismo español con solo 23 años

Sólo dos años después de entrar en el pelotón ciclista profesional y con 23 años, dos meses y veinte días, Paula Blasi Cairol consiguió inscribir este sábado su nombre con letras doradas en el gran libro de historia del ciclismo español. La joven corredora, natural de Espluges de Llobregat, se convirtió en la primera ganadora local de La Vuelta a España femenina, que cumplía este año su duodécima edición. Y lo hizo nada menos que con una exhibición en las rampas del alto del Angliru , la cima más temida de la península, con la que remontó los dieciocho segundos de desventaja que tenía con la leyenda neerlandesa Anna van der Breggen (SD Worx-Protime), líder antes del inicio de la séptima y última etapa. Pese a su juventud y al hecho de afrontar la presente edición de la ronda española a la sombra de la mallorquina Mavi García, su compañera en el equipo UAE Team ADQ, Blasi fue asumiendo galones con el discurrir de las etapas hasta conseguir la condición de aspirante con serias opciones en la previa de la etapa definitiva entre Pola de Laviana y el Angliru. La organización había dejado la jornada más dura para el último día de la carrera. Un total de 132 kilómetros de recorrido, con más de 3.200 metros de desnivel positivo acumulado y cuatro puertos puntuables. Entre ellos el colofón del alto del Angliru, una ascensión de 12,4 kilómetros con un desnivel medio de un 9,7 por ciento y tramos infernales por encima del 23 por ciento. El exigente puerto asturiano, icónico para el ciclismo masculino a partir de su inclusión por primera vez en el recorrido de La Vuelta masculina como final de etapa en su edición de 1999 con el vibrante triunfo del Chava Jiménez, se estrenó por fin este sábado para la ronda femenina siguiendo el paso a otras grandes cimas a las que ya se han medido las ciclistas como el Alpe d'Huez, el Tourmalet o el Zoncolan. Lejos de achantar a las protagonistas de la carrera, la inclusión del Angliru como broche de oro a La Vuelta 2026 había sido recibida como un triunfo por el pelotón femenino, hambriento de grandes retos en forma de jornadas y puertos de máxima exigencia como reconocimiento a su crecimiento, progresión competitiva e imparable profesionalización en los últimos años. También lo veía así en la previa la propia Paula Blasi, que si bien antes de levantar el telón la carrera no se veía ni mucho menos ganadora, metida ya en harina despejaba ante los medios cualquier temor hacia el coloso asturiano. El viernes, en la penúltima etapa, acabó en segunda posición la durísima ascensión a Les Praeres, a solo ocho segundos de la leyenda Van de Breggen. Así que el Angliru infundía respeto, sí, pero miedo ninguno. Conocedor de todo lo que había en juego, con las favoritas separadas por un estrecho margen en la general, pues las cinco primeras clasificadas se agrupaban en un minuto escaso, el pelotón se lanzó con ganas y mucha velocidad al asfalto. Tras superar el Alto de Santo Emiliano las hermanas Femke Markus (SD Worx-Protime) y Riejanne Markus (Lidl-Trek) armaron la primera fuga del día, a la que se unió la corredora del Movistar Liane Lippert, alertando a un UAE, equipo de Paula Blasi, que comenzó a trabajar para evitar cualquier susto. Aún así el trío llegó al pie del segundo puerto del recorrido, el Alto de la Tejera, con una ventaja superior a los cuatro minutos. Un margen que hizo que el Visma-Lease a Bike de Marion Bunel uniese sus fuerzas a las perseguidoras. Un trabajo bien organizado que redujo a la mitad las diferencias con las escapadas al paso por el Alto del Tenebredo. Al llegar a las primeras cuestas del último puerto la alemana Lippert, a algo menos de cuatro minutos en la general, se quedó sola en cabeza, pero acabó doblando la rodilla y siendo neutralizada por el fuerte ritmo pelotón en el inicio de los tramos más duros del Angliru, a ya solo 5,5 kilómetros de la meta. Y eliminada por completo la aventura de las escapadas empezó el pulso entre las favoritas. El fuerte ritmo que impusieron Petra Stiasny, del equipo Human Powered Health, y la propia Paula Blasi, desveló las flaquezas de la líder de la carrera, Anna van der Breggen, inmersa en una conversación con el coche de su equipo. La neerlandesa perdió fuelle ante las embestidas de rivales como Bunel. Blasi, de inicio también, pero conservó la calma para conseguir un ritmo de pedaleo que finalmente le permitió dejar atrás a la defensora del liderato y superar a la francesa. Ya en los últimos metros, en ligero descenso, la española notó la emoción de saberse ganadora. No aflojó y cruzó la línea de meta 23 segundos después de que lo hiciese Stiasny, ganadora de etapa, pero 36 antes que Van der Breggen. Suficientes para arrebatarle el jersey rojo y por eso, aunque fue la segunda en llegar, no duda en completar la etapa con los brazos en alto. El triunfo final en La Vuelta femenina es suyo con 24 segundos de ventaja sobre la neerlandesa, mientras que la joven francesa Marion Bunel (Visma-Lease a Bike) cerró el podio a 49 segundos de la vencedora, que toma el testigo de la vasca Joane Somarriba, última española con grandes vueltas en su haber con tres victorias en el Tour (2000, 2001, 2003) y dos en el Giro (1999, 2000). «Esto es una locura. El día ha sido una montaña rusa de emociones», reconoció la española, que vestida ya con jersey rojo definitivo y una sonrisa gigante en su rostro desgranó el secreto de su éxito. «Siempre digo que hay que soñar en grande, me gusta apuntar a lo más alto. Al final me gusta vivir con emoción y siempre intentarlo». Eso sí, cuestionada por si algunas semanas antes se habría imaginado que iba a ganar la Amstel y la Vuelta, reconoció que «diría que es una broma». «Hoy hemos ido muy rápido, con muchos ataques. Desconocíamos cómo íbamos a ir de sensaciones porque hemos competido durante más de seis días y hoy era el séptimo. No me sentía del todo bien pero el equipo hizo un trabajo increíble y solo puedo estar agradecida», explicó sobre el desarrollo de la última etapa. «La subida al Angliru fue una locura, lo mejor que pude hacer fue simplemente no pensar en ello. Sabía que eran unos cincuenta minutos... y a los cinco minutos de empezar la subida ya lo notaba. Así que me dije a mi misma 'sigue adelante, mantén tu ritmo mientras puedas seguir así y te mantendrás'. Si hubiera sentido que superaba el límite habría parado, pero luego empecé a ver cosas, como a Anna van der Breggen en dificultades y dije 'vamos a por ello'». La histórica victoria de Paula Blasi supone su consagración definitiva como nueva sensación del ciclismo español. Una condición que comenzó a forjar con su reciente triunfo en la Amstel Gold Race, un hito sin precedentes en la historia del ciclismo español, tanto femenino como masculino, y que refrendó después sobresaliendo con un podio en la Flecha Valona y una quinta plaza en la Lieja-Bastoña-Lieja, uno de los cinco 'monumentos' del ciclismo. Ese primer gran triunfo lo logró además de forma inesperada, pues inicialmente no tenía previsto disputar la prueba en los Países Bajos, sino limitarse a la Lieja-Bastoña-Lieja por las carreteras de las Ardenas. Sin embargo, tras acabar novena en la Flecha de Brabante, el equipo UAE le pidió quedarse ante la baja por enfermedad de su compañera Dominika. Y tras caer otra compañera más le tocó enfundarse el maillot. En principio para ayudar, pero acabó llevándose la victoria contra pronóstico. Junto al inesperado resultado, su desenfadada celebración, apurando un vaso de cerveza en apenas unos segundos, la hizo mundialmente famosa. Lo que ya de por sí podían considerarse hazañas se vieron acrecentadas por el hecho de que hasta hace apenas dos años la catalana ni siquiera era ciclista profesional, y que sus anteriores triunfos habían sido aún en categoría sub-23, en la que consiguió una medalla de bronce en el Mundial en Ruta de Kigali y un oro en el Europeo de Drôme/Ardèche (Francia), ambas pruebas conquistadas el año pasado. A esta fulgurante explosión quizás contribuyó que antes de subirse a la bicicleta Blasi fuese futbolista, atleta, triatleta y duatleta, pero hoy su futuro es cristalino y está subida a un sillín y aferrada a un manillar.

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