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Hantavirus, un reto que España no puede suspender
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Hantavirus, un reto que España no puede suspender

Lo que comenzó como un crucero de expedición por los confines australes del Atlántico se ha convertido en uno de los retos de salud pública más mediáticos y complejos que debe gestionar España en los últimos años. El brote de hantavirus a bordo del buque «MV Hondius» no es únicamente una crisis sanitaria, representa un reto de madurez institucional, científica y jurídica que el país no puede permitirse suspender. Los hantavirus son virus zoonóticos de la familia hantaviridae, género Orthohantavirus, transmitidos al ser humano desde roedores silvestres mediante la inhalación de aerosoles procedentes de sus excretas —orina, heces y saliva—, la mordedura o el contacto directo con piel lesionada. Su genoma está formado por ARN de cadena negativa segmentado en tres fragmentos (L, M y S), que codifican la polimerasa viral, las glucoproteínas de superficie Gn y Gc, y la nucleoproteína, respectivamente. Estos virus pueden causar infecciones asintomáticas y cuando originan manifestaciones clínicas, producen diferentes tipos de cuadros con variabilidad geográfica. La Fiebre Hemorrágica con Síndrome Renal (FHSR), causada principalmente por virus del Viejo Mundo como el Hantaan, Dobrava o Puumala, con afectación predominante renal y hemorrágica, a ellos se atribuyen también casos de nefropatía epidémica. Cabe indicar así mismo el Síndrome Cardiopulmonar por Hantavirus (SCPH o SPH), propio del continente americano, que se caracteriza por una fase prodrómica «pseudogripal» seguida de edema pulmonar e inestabilidad hemodinámica, con una letalidad que oscila entre el 10 y el 52%. La cepa sospechada en el brote del «MV Hondius» se corresponde con el virus Andes (ANDV), el único hantavirus, hasta el momento, para el que se ha documentado de forma fehaciente transmisión interhumana de persona a persona; aunque limitada a cadenas cortas en contactos estrechos. Este dato no es menor: mientras que el resto de los hantavirus exigen el contacto con un roedor infectado como condición «sine qua non» para la transmisión, el virus Andes introduce una dimensión epidémica que justifica plenamente el nivel de alerta activado. Su reservorio natural es Oligoryzomys longicaudatus, el ratón de cola larga, distribuido por los Andes del sur de Argentina y Chile, región que varios de los pasajeros fallecidos habían visitado antes de embarcar en Ushuaia el 1 de abril de 2026. No existe tratamiento antiviral específico ni vacuna eficaz disponible para el SCPH. Su atención médica es sintomática y de soporte: ventilación mecánica, asistencia hemodinámica, hemodiálisis si procede y corrección de las alteraciones metabólicas. La ribavirina, útil en la FHSR si se administra precozmente, ha mostrado resultados controvertidos en el SPH. El diagnóstico se confirma mediante métodos directos de demostración de su genoma ( a través de PCR) en los primeros diez días de enfermedad, o por métodos indirectos de detección de IgM/IgG mediante Enzimoinmunoensayo, con Western blot como prueba de confirmación. El buque, con 147 personas a bordo —88 pasajeros y 59 tripulantes de 23 nacionalidades, entre los que se cuentan 13 pasajeros y 1 tripulante españoles—, está previsto que llegue esta madrugada del domingo a Tenerife. La Organización Mundial de la Salud considera que la hipótesis más plausible resulta acorde con que la exposición inicial ocurrió fuera del barco, probablemente durante las escalas en regiones patagónicas con alta densidad de roedores portadores del virus Andes. La posterior propagación en el entorno confinado del crucero, donde la ventilación limitada y la convivencia estrecha facilitarían la transmisión interpersonal, parece la explicación más coherente con el patrón observado. En España, la infección humana por hantavirus se cataloga como Enfermedad de Declaración Obligatoria urgente (dentro de las 24 horas desde la sospecha), encuadrada en el grupo de zoonosis de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE). La situación actual es cualitativamente distinta a los escasos casos importados declarados, exige una integración multidisciplinar de conocimientos y actuaciones así como disponibilidad de recursos. Todo ello en consonancia con los protocolos emanados del reglamento sanitario internacional y de las propias disposiciones de sanidad exterior.

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