INFORMACION
Los equipos tristes no juegan bien al fútbol. Lo intentan, pero es imposible. Le ponen ganas, quieren sacudirse la pena haciendo un buen partido, pero la desconfianza les supera, les lastra, les deja con las vergüenzas al aire en cuanto algo falla... y siempre falla algo... o alguien... o todo a la vez. En el momento en el que eso pasa, vuelve la angustia, cuesta sobremanera subir el balón por más que el entrenador se afane en gritar, en hacer gestos con las manos exigiendo rapidez, tensión, velocidad para impedir que a los chicos les acogote la indefinición.
Go to News Site