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Mientras que en los últimos años el problema territorial de Cataluña ha reducido su temperatura, reconduciéndose por cauces democráticos, Madrid se ha convertido en el mayor problema para la estabilidad política, social, económica y demográfica del Estado. No se trata, únicamente, del proceso de huida hacia delante protagonizado por la maleducada Díaz Ayuso, tan oportunista como carente del respeto institucional básico y de las capacidades más elementales, embarcada en un proceso de desobediencia que utiliza las peores herramientas del populismo posdemocrático reaccionario para mantener un enfrentamiento sistemático con las instituciones y el Gobierno central. Hablamos de un proceso de concentración geográfica en torno a su área metropolitana y su capital que arranca desde hace décadas, con efectos destructivos en los equilibrios regionales para el conjunto del país.
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