Agencia Andina
Hilda Rodríguez tiene 74 años y ya no puede mover las manos de forma brusca ni repentina. Por eso, cuando su nieto Ángel se acercó emocionado mientras ella cocinaba, le pidió que esperara un momento. “Todavía no me digas”, le respondió. “Ya, abuelita, apaga tu candela”, insistía él, conteniendo la emoción. Apenas apagó el fuego, soltó la noticia que les cambiaría la vida:
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