ABC
Gandía, cuna de veleros y de sueños atléticos, guarda desde hace décadas a un hombre que prefiere el tartán al foco. Toni Puig, maestro eterno del subcampeón mundial Quique Llopis , no grita consignas desde la grada ni busca titulares. Con su larga cabellera y ese aspecto de ser un sabio del atletismo, de haber pasado por todo, de que finalmente el rey de los deportes ha hecho justicia con él, con su larga trayectoria, este hombre tranquilo atiende a ABC por videoconferencia. «En cuanto acabemos me voy a entrenar», anuncia. Toni Puig simplemente modela atletas como quien talla madera noble: con paciencia de relojero y la certeza de quien sabe que el oro no se consigue en un día, sino en miles de amaneceres de sudor y repetición. En el reciente Mundial en pista cubierta de Polonia, su huella volvió a brillar en la plata de Llopis. Porque detrás de cada vallista que vuela hay un técnico que le enseñó, desde niño, desde los 13 años, que el verdadero paso no es el de la valla, sino el del tiempo, que lo sedimenta todo. Son muchos años ya trabajando con Llopis. Muchos, sí. Llevo 42 años ya como entrenador. Trabajé mucho con velocistas y antes de Quique no había tenido atletas de 110 metros vallas. A ver, yo soy un entrenador de pueblo y tengo lo que tengo, lo que me llega... Con Llopis llevo 12 años trabajando. Recuerdo que me hablaron de él, me llama un monitor de la escuela y me dice: «hay un chico muy alto, muy espigado, que lleva aquí tres días y quiero que lo veas». Y me contaron que quería correr los 80 metros vallas ya. Entonces me fui a verlo. Quique debía de tener 13 años y me sorprendió mucho que ya se atreviera con las vallas, nada más llegar a la escuela. Para correr vallas hay que ser valiente. Si no, vete al liso. ¿Cuándo vio que era realmente un talento? Cuando tenía 15 años me sorprendió porque quedó campeón de España sub16… ¡en triple salto! Y apenas lo había practicado. También fue campeón de España juvenil en 200 lisos. En fin, vi que tenía algo más. Era alto y con problemas musculares, pero tenía un talento especial. Entonces, hubo un momento en que hablé con él y le dije: «¡Chaval, elijamos!». Y se decidió por las vallas. Dos años después ya vi que iba a ser un vallista bueno, pero no hasta este nivel que está alcanzando. Hemos ido temporada a temporada, mejorando marcas, medallita a medallita. ¿Hubo algún punto de inflexión en su progresión? Claro. Fue en Budapest, hace tres años. Quique quedó clasificado el noveno, justo fuera de la final. Entonces, ese fue el primer año que se decidió que el noveno atleta fuera a calentar por si hubiera algún lesionado de última hora. Y allí tuvimos una conversación larga, mientras veíamos a los ocho finalistas hacer su calentamiento. Y nos preguntamos: «¿Qué nos falta para estar en esa final?». Ésa era la pregunta clave. Y yo soy una persona que creo mucho en volúmenes altos de entrenamiento, en el trabajo, he bebido mucho de fuentes de la Alemania del Este. No soy de esta nueva escuela del menos es más. No, no creo en esta filosofía. Creo en la cantidad de trabajo, controlada, pero volumen alto de entrenamiento. Esta semana Quique va a hacer nueve sesiones de entrenamiento. Entonces, aquel día en Budapest yo le pregunté a Quique: «¿Aceptas esto? ¿quieres jugar a esto? ¿esto te gusta?». Y me respondió: «Sí, yo quiero estar ahí». Entonces, empezó a trabajar duro, duro, duro. A mi modo de ver, esa decisión marca la carrera de Quique. Ahora ya hemos conseguido estar en esas finales y, una vez aquí, hay que soñar en ser medalla. Pero soñar creyendo. ¿Qué han cambiado este año? Pues decidimos mejorar la salida. Más económicas y fáciles. Aquí nos ha asesorado mucho el entrenador de velocidad Valentín Rocandio, en mejorar la posición de la salida. Y luego nosotros hemos trabajado mucho el espacio entre la primera y la segunda valla. Nuestra obsesión era llegar bien a la valla 1 y salir de la valla 2 con opciones a todo. Los biomecánicos de Sant Cugat, dirigidos por Ventura, nos han ayudado mucho. El entrenador que se crea que él solito puede solucionarlo todo, se equivoca. Esto es un equipo. Y aquí incluyo al fisio Nacho Benítez, excepcional, de Gandía. Porque con el volumen de trabajo que hacemos, o tienes un buen fisio, o revientas al atleta. Y tenemos a la psicóloga Davinia Miñana y al nutricionista, que es el hermano de Husillos. Están sin pista en Gandía y esto se va alargando… Sí. Ya dura esto desde agosto, a ver si terminan la reconstrucción de una vez, porque nos tenemos que desplazar. Ayer entrenamos en Denia, que está a 30 kilómetros… Esto puede durar un año entero, y la verdad es que nos supone una carga mental. Hoy nos vamos a ir a entrenar a un campo de rugby, en césped artificial. En España tiene esa competitividad desde hace años con Asier Martínez. ¿Cómo la ve? Esta competitividad nos ha venido de lujo y ha dado una salsa impresionante a nuestro atletismo. Ahora me sabe mal por Asier , que lleva atrancado un par de años, mientras Quique sigue progresando. Asier tuvo aquellos problemas con su mánager y con el lío Nike/Puma, eso lo descentró y le está costando volver a su nivel. Pero estoy seguro de que saldrá adelante. ¿Cuál es la mayor virtud de Llopis? Que es una esponja. Lo absorbe absolutamente todo. Yo le puedo poner entrenamientos bastante duros y los asume. No los cuestiona y los hace. Él cree en este proyecto. Y su otra gran virtud es que es muy frío compitiendo. Es muy calculador y aguanta bien la presión. Y ya se sabe que en España, o eres medalla o no eres nadie. ¿Y en qué puede mejorar? Técnicamente tenemos cosas a mejorar. Sigue acercándose mucho a la línea lateral, eso es verdad. Supongo que uno de los objetivos este verano es bajar de 13.00… Es el objetivo. Igual que en pista cubierta, el objetivo era rebajar el récord de España. También están los Europeos de Birmingham y el Mundialito. Sí, contamos con los dos, claro. Está cambiando el atletismo español. Se habla de los centros de alto rendimiento pero la realidad es que hay un campeón mundial que se entrena en un pueblo de Murcia y un subcampeón que lo hace en un pueblo de Valencia… Es cierto, pero usamos los CAR para hacer estancias temporales. Nosotros vamos a Barcelona periódicamente y trabajamos allí con los biomecánicos… Y también imagínate lo que es Gandía en agosto, ¿tú sabes la marcha que hay? Está aquí medio Madrid. Y 40 grados, 80% de humedad… Es importante tener la posibilidad de ir a otro sitio a entrenar. Y también es importante mantener a los entrenadores en los pueblos, para que saquen más talentos. ¿Dónde hay atletas? ¡Donde hay entrenadores! En el caso de los relevos esto ha quedado muy claro. El Plan Nacional de Relevos está funcionando bien, ¡porque cada uno de los atletas está en forma!. Y los atletas corren rápido gracias a sus entrenadores personales, que los ponen a punto. Eso que quede muy claro.
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