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Cuando Leonor ponga un pie en la Carlos III , es seguro que se topará con uno de los dos bustos del rey ilustrado del que desciende en línea directa y que da nombre a la universidad en la que estudiará Ciencias Políticas. Académicamente solvente y paradero de alumnos de sobresaliente de toda España, su nombre es conocido internacionalmente. Pero también es una de las universidades a las que más les gusta debatir, cuestionarse el sistema, pegar carteles y convocar asambleas por causas como el feminismo, el socialismo, el antiimperialismo y... el republicanismo. «Las puertas de los baños son como hilos de Twitter donde la gente se va respondiendo y a veces hablan de Dios y otras del Gobierno», viene observando una alumna de segundo curso de Derecho y Políticas. Es semana de exámenes en el campus de Getafe (en Madrid), pero eso no impide que un grupo de estudiantes de Humanidades, bajo la mirada de bronce del tataratataratatarabuelo de Leonor, repartan octavillas para una de las famosas sangriadas comunistas de la Carlos. Les pedimos una foto para el reportaje, y ellas solas, sin indicación, alzan el puño. «Nos gustaría poder explicar nuestra causa ante los medios», dicen esperando que saquemos la grabadora del móvil. Y obedecemos. «Estamos luchando por un nuevo resurgir del movimiento estudiantil. Estamos dando la pelea en la lucha contra el imperialismo, en defensa de lo público. Queremos construir una 'uni' que esté al servicio de las estudiantes y las trabajadoras y no de las empresas. Por supuesto, no queremos que esté al servicio de la Monarquía. Es conflictivo que venga a estudiar aquí Leonor porque representa un sistema de privilegios heredero de la Edad Media», declama una de las universitarias, ligada a las asociaciones Contracorriente y Pan y Rosas, que promueven el feminismo marxista. No se habla de otra cosa en el campus. Y de hecho, antes de que un segurata nos obligara a apagar el cigarro en la terraza de la cafetería (la sangría está permitida, pero la nicotina no) habíamos interceptado a un grupo de cinco jóvenes comentando lo de Leonor. Son de Filosofía y de Derecho. «¿Pero ha hecho Selectividad ya? Si estamos en mayo», dice una. «No, es que ella hace como los hijos de los diplomáticos», responde otra. En este grupo, que no parece pertenecer a ninguna tribu identificable, tienen dudas sobre si de verdad la Princesa podrá integrarse como una alumna más teniendo a los escoltas vigilando a la vuelta de la esquina. Pero coinciden en que será interesante para ella entrar en contacto con compañeros con los que nunca habría coincidido. «Lo que es seguro es que Leonor se va a rodear de gente diferente», concluye una de ellas. Aunque también en una universidad pública se puedan encontrar distintos ambientes, como códigos postales. Cualquiera que haya pasado unas horas en la universidad madrileña sabe que el mundo de Humanidades y Comunicación y el de Sociales y Jurídicas (donde estudiará la Princesa) no tienen nada que ver. «Existe la coña de que un paso de cebra divide a los podemitas de los cayetanos», cuenta Álvaro Galván, que se graduó el año pasado y estuvo al frente de la asociación estudiantil Voces Libres, de corte liberal. Los herederos de Podemos, las sangriadas y el activismo caen del lado de Humanidades; y los niños bien, las camisas y las charlas, del lado de Sociales y Jurídicas. Incluso la cartelería evidencia que existe una frontera. Estudiantes como los de Periodismo o Comunicación Audiovisual conviven con pintadas como 'Palestina libre' y carteles que rezan: 'Ni 'tradwives' ni 'gymbros' por un transfeminismo anticapitalista contra la extrema derecha' o 'Juventud internacionalista contra la guerra'. En el otro lado, donde se encuentran las estatuas de Fernando de los Ríos y del fundador, Gregorio Peces-Barba , cuesta encontrar un cartel político. «Yo creo que como sabían que ibais a venir los periodistas han querido limpiar esta zona y han borrado muchas pintadas», elucubra un chico de Relaciones Internacionales. Claro que no se puede obviar que la zona 'noble' también es el hábitat de los de ADE o Económicas, poco dados a la pancarta y la disquisición. La estética también va cambiando y en el lado de Jurídicas se ven menos sudaderas y más gabardinas. «Nos dicen que somos la privada entre las públicas», resume una chica de Derecho y Políticas. «Que la futura Reina estudie aquí es algo bueno para la universidad. Pero es probable que se encuentre con miradas hostiles. Nosotras estamos a favor de la Monarquía, pero incluso en nuestro grado, que es de los más conservadores, hay gente más cercana a la República», comenta una de las integrantes de un grupo de tres amigas que estudian Derecho. «Yo creo que los jóvenes no estamos en la dicotomía Monarquía-República, como tampoco lo está la sociedad. Creo que los medios deberíais dejar de tratar morbosamente el tema de que Leonor venga a estudiar aquí», nos reprende uno de Primero de Relaciones Internacionales. A la Carlos III le encanta discutir y un par de amigos que también estudian Relaciones Internacionales (esta vez con Derecho) creen que, precisamente, la Heredera ha escogido una carrera donde se estudian y se debaten los fundamentos de los sistemas democráticos. «En clase va a tener mucho debate ideológico y le puede resultar incómodo . Si hubiera estudiado Derecho no se expondría a ello», opina. Pero también los hay más pragmáticos: «Creo que el 'boom' se pasará. El primer día igual un compañero se siente tentado a hacerle una foto. Pero el día dos ya no será novedad», dicen desde un banco, mientras repasan sus apuntes, unos estudiantes del grado de Filosofía política y Economía. Según Galván, en los últimos tiempos han ido ganando peso asociaciones estudiantiles más plurales como Ágora o Demos, en las que organizan charlas, hacen simulaciones parlamentarias y son más transversales. En el otro lado, dice, hay algunas agrupaciones que son icónicas, como la Carlos Marx. «Son lo que llamamos 'los jubilados', porque ya no están ni matriculados en la universidad. Son muy dados a las sangriadas en la campa de Humanidades, siguen un poco en mayo del 68 », cuenta este antiguo alumno que conoce bien el movimiento asambleario en la universidad madrileña. En septiembre, cuando el bullicio sustituya al silencio de los exámenes y los carteles vuelvan a cubrir las paredes de los edificios, será el busto de Carlos III, ilustrado y ajeno al ruido, quien observe la llegada de Leonor de Borbón a una universidad a la que le gusta cuestionarlo todo. Entonces veremos, entre asambleas y debates interminables, no tanto si la Princesa encaja en la universidad, sino cuánto está dispuesta la universidad a interpelarla a ella.
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