Ultima Hora Mallorca
Uno de los múltiples apodos aplicados a Pedro Sánchez, es el de Falconetti, en alusión al uso constante del avión Falcon en desplazamientos de todo tipo. Es un ataque recurrente al presidente del Gobierno desde los partidos de la oposición desde hace años y en él se mezcla una crítica por endiosamiento del personaje y otra por un despilfarro de recursos públicos. Lo que se propone desde aquí es extrapolar el mote al vicepresidente del Consell insular, por su uso constante de dos coches oficiales camuflados puesto de manifiesto por este diario y no aclarado durante días de ninguna manera razonable. Pedro ‘Subaretti’ Bestard. Hay matices, pero desfavorables al local: el importante, el de la transparencia. Así como de los desplazamientos en Falcon se tiene perfecta cuenta y están sometidos a un control transparente no pasa lo mismo con el Dacia y el Subaru empleados por el cargo local en sus viajes que carecían de distintivo alguno que delatara su titularidad pública. Tampoco las explicaciones dadas esta semana por ‘Subaretti’ y sus compañeros de partido destacan por exahustivas, más allá de alusiones a la ingente carga de trabajo del abnegado vicepresidente no se amortiguan las dudas sobre el uso de un recurso público para su mayor comodidad. Así el cargo de Vox y la propia formación quedan enfrentados al espejo del discurso en torno al avión oficial del presidente del Gobierno y al consejos vendo que para mí no tengo. La diferencia de escala entre un presidente de Gobierno y un cargo insular hacen peor aún el símil: a Bestard le dejan un avión oficial y no le cazan, se muda a pie de pista. La reacción del partido no deja de ser sintomática, un cierre de filas. A la espera de que se desarrollen los acontecimientos y ver hasta dónde llega la presión en torno al vicepresidente, lo menos que se puede hacer es saludar a Subaretti.
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