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En realidad, cualquier cosa que pese un poco puede ser un pisapapeles y ahí precisamente está el mérito de este artefacto, que por lo demás no sirve para nada. En los papeles que pisa a fin de que no se los lleve el viento. Así pues, el mérito no es suyo, sino del lugar que ocupa y su relación con unas hojas sueltas, que son las que le dotan de su identidad de pisapapeles. Bueno, esto pasa con casi todas las identidades y no es obstáculo para que, si estuvo en una ocasión encima de papeles, sea para siempre un pisapapeles y así le llame todo el mundo sin que jamás vuelva a pisar un papel. Así funciona la identidad y la naturaleza de las cosas. Quizá el inventor del pisapapeles fue un escriba egipcio que colocó un pedrusco sobre el papiro que estaba redactando, o el chino que puso su cuenco de arroz encima de las láminas de papel recién inventado por él, o quizá el propio Moisés cuando hizo pedazos las Tablas de la Ley, y ello pese a que no pudo usar como pisapapeles ninguno de los trozos tocados por el dedo de Dios, porque todavía no existían papeles. Lástima, habrían sido excelentes pisapapeles. Porque como hemos destacado, cualquier cosa puede ser un pisapapeles si tiene ocasión (una quijada de asno, por ejemplo, o la Venus de Willendorf), y eso no disminuye la importancia al invento, se la añade. Por la versatilidad. Suelen ser objetos de regalo, figuras muy vistosas, animales, bolas de cristal donde nieva dentro. Yo tengo una donde nieva sobre Víctor Hugo y siempre está encima de un papel doblado. No importa qué papel, lo que importa es el pisapapeles. Que como todos los grandes inventos, sobre todo si también son un poco simples o fútiles, suscita preguntas complicadas. ¿Y si la secreta intención del pisapapeles no fuese proteger a los papeles del ventarrón, que no suele soplar en habitaciones o bibliotecas, sino por el contrario reducirlos a algo subalterno, y ocultarlos para que luzca el propio pisapapeles? Podría ser, podría ser. Pero aun así, considerando las angustias que provoca el papeleo… No diría que sí ni que no. Y en cualquier caso, salvo que sea una quijada de asno o un trozo de las Tablas de la Ley, es un invento bastante inofensivo.
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