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«¿Que un jubilado alemán no se lo va a pensar?»: al turismo de Tenerife le preocupa que el miedo contagie más que el virus | Collector
«¿Que un jubilado alemán no se lo va a pensar?»: al turismo de Tenerife le preocupa que el miedo contagie más que el virus
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«¿Que un jubilado alemán no se lo va a pensar?»: al turismo de Tenerife le preocupa que el miedo contagie más que el virus

Si eres tinerfeño seguro que en estos últimos cinco días has recibido un meme entre lo cómico y lo trágico sobre la llegada del crucero infectado con hantavirus hasta aguas canarias. La reminiscencia a los años del covid es reciente y traumática. Con la Gomera como zona cero de la pandemia en España, los isleños guardan un recuerdo más amargo que el de muchos peninsulares. «Yo sobreviví, pero hubo muchos locales que echaron el cierre por ser incapaces de pagar el alquiler. Nos hizo mucho daño», recuerda Carlos Delgado, propietario de El Rincón de Sancho. Este local de cocina autóctona es uno de los muchos restaurantes y chiringuitos colonizados por turistas abrasados por el sol de Los Cristianos, a veinte minutos por carretera del puerto de Granadilla , donde está previsto que llegue el buque holandés entre las cuatro y las seis de la mañana. Lo que los tinerfeños llaman de forma amplia Las Américas es una zona de lo más variopinta en la que uno pasa de la milla de oro de la isla a los bares 'house' en cuestión de minutos. No hay tanta distancia entre el McDonald's más transitado de Europa hasta las calles más paradisiacas del sur, con restaurantes Michelin y construcciones blancas y lujosas ya aisladas del 'Magaluf volcánico'. En pocos kilómetros, siempre bajo la supervisión del imponente Teide, el turismo va cambiando de forma. Pero sólo hay eso: turismo. El primer balance de la patronal hotelera muestra que el MV Hondius ya ha causado un pequeño temblor en el destino estrella del archipiélago, si bien es pronto para sacar conclusiones. «Ha habido cancelaciones de extranjeros en hoteles aunque han sido residuales, de momento, anecdóticas. Pero el sector entero está preocupado viendo los 'pura sangre' que han llevado este tema. La desinformación ha sido total y absoluta», asegura a este diario Javier Cabrera, que es el presidente del Círculo de Empresarios de Tenerife. De hecho, puede llover sobre mojado puesto que la temporada no ha sido especialmente buena en una comunidad en la que el turismo supone el 37,7% de la economía y el 42,3% del empleo. José Luis Magdalena lleva cuarenta años regentando el restaurante A bordo, en un callejón a unos metros de la Playa de las Vistas. Cuanto él abrió, alrededor «todo era risco y tomateras». Hoy no queda rincón sin explotar. «¿Tú crees que un jubilado alemán o una persona de Finlandia o de Suecia que vienen a veranear a Tenerife no se lo van a pensar?», da por hecho este hostelero, que junto al propietario de El Rincón de Sancho, presiden la zona comercial abierta de Los Cristianos, que agrupa a un conjunto de tiendas, restaurantes y cafeterías cerca de la playa. Los dueños de los locales podrían notarlo en sus beneficios, pero también hay muchos trabajadores de la hostelería que lo último que quieren es perder su empleo. Una de ellas es Eva María, camarera encargada del chiringuito Sol y Luna, en el paseo marítimo de Los Cristianos. Estos días, nos cuenta, ha podido escuchar como muchos turistas extranjeros se preguntan por qué Europa ha decidido que el trasvase de pasajeros a sus países se haga en Tenerife. «¿Por qué no lo hacen en mitad del mar y no complican a tanta gente?», asegura que se interrogan. Ella está cabreada y, dice, «preocupada»: «Parece que los canarios siempre somos el culo del mundo. ¿No hay sitio para meter a los inmigrantes? Para Canarias. ¿No hay medios en Europa para gestionar el crucero? Para Canarias». «La gente es aprensiva y aunque el riesgo de contagio no sea real, el miedo sí lo es y nos afecta», resume Cabrera. Los verdaderos informadores de la isla, que son los taxistas, tampoco están excesivamente contentos con la llegada del buque de lujo, pero tienen dudas de si de verdad la crisis del hantavirus hará daño a Tenerife una vez estalle la burbuja informativa. Lo que sí perciben es que algunos de sus pasajeros ya tienen el 'runrún'. «Una señora se subió y me dijo que si estaba preparado para para el virus», nos cuenta Matías, que hace la cola para poder transportar a los turistas al hotel después de una mañana de playa y chiringuito. «No estoy preocupado, no creo que esto sea como el covid. O eso espero, porque aquello me tuvo un año y medio sin trabajar. Pero sé por mi mujer, que trabaja en el hotel Santa Bárbara, que han tenido ya una cancelación por este tema del crucero», asegura otro chófer que prefiere que su nombre no figure en el reportaje. Las 'guaguas' que llevan a los visitantes de la isla desde los aeropuertos hasta los complejos hoteleros son otra de las patas importantes del sector. El gremio se quedó en vilo después de que Protección Civil dijera que los pasajeros del MV Hondius irían en autobuses desde el puerto de Granadilla al aeropuerto sur, pues se entendió que el crucero debería externalizar el servicio y contratar a una empresa local. «A nosotros nadie nos ha pedido nada, pero te puedo asegurar que, por respeto a nuestros clientes, por su seguridad, nos hubiéramos negado a realizar cualquier tipo de traslado», asegura Santiago Sierra, al frente de la empresa de Sierra y González, que es uno de los referentes en transporte de Tenerife. Aun así, en la isla nadie habla de confinamientos ni de apocalipsis sanitarios. Pero lo que flota en el ambiente es un profundo cansancio, como ha captado Fernando Clavijo en los últimos días. La gente del archipiélago siente que siempre vive al filo de algo, desde una crisis migratoria, a un volcán, un incendio, una pandemia y un crucero de lujo infectado de hantavirus. Tenerife se ve estos días a sí misma como una sala de espera de los problemas ajenos. En el sur, mientras cae la tarde sobre las hamacas alineadas frente al Atlántico y los camareros recogen las últimas jarras de cerveza, el MV Hondius todavía ni siquiera ha atracado y ya ha conseguido despertar un miedo viejo, casi dormido desde 2020. Bajo la postal eterna del Teide y las playas de arena volcánica, basta un rumor para que toda la isla contenga la respiración.

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