Faro de Vigo
Ser marinero es a menudo una profesión heredada. Desde jóvenes, los hijos solían acompañar a sus padres al trabajo y aprender el oficio. Una cadena en la que el conocimiento no se extraía de los libros, sino que se aprendía en la cubierta del barco. Sin embargo, con mayor frecuencia las nuevas generaciones se desligan del negocio familiar, ya sea por motivos económicos o por dedicarse a otro oficio que les guste más. Entre esas dos mareas, quedarse y continuar con el legado familiar o marcharse en busca de un futuro mejor, navega David Costa.
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