La Opinión de Málaga
Hay una sensación que no tiene nombre todavía, pero todos la conocemos. Es esa inquietud sorda que se instala entre el café de la mañana y las noticias del mediodía. Un malestar difuso, sin foco claro, que nos acompaña mientras hacemos la compra, mientras esperamos el autobús, mientras fingimos que todo está bien. Sabemos, aunque no lo digamos en voz alta, que algo va a estallar. No sabemos cuándo. No sabemos dónde. Pero lo sabemos.
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