Diario de Noticias
Cuando Guillermo llega a la playa de Las Canteras, la arena todavía se siente fría, y el mar suena fuerte sin el lleno de bañistas. Con los pies hundidos en arena, casi puede trasladarse a cuando era un niño que corría a la playa. Aquí aprendió a nadar y aunque durante un tiempo se marchó, su conexión con el mar es hoy más fuerte que nunca.
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