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La vivienda como nuevo eje de clase: el nuevo ascensor social tiene cerradura
El Plural

La vivienda como nuevo eje de clase: el nuevo ascensor social tiene cerradura

La vivienda ha dejado de ser solo un problema de acceso para convertirse en una de las grandes fronteras de clase en España. Durante décadas, el ascensor social se explicó a través del empleo, la educación y el salario: estudiar, encontrar trabajo, ahorrar, comprar una casa o pagar un alquiler razonable y construir una vida autónoma. Ese relato se ha roto. Hoy, incluso con trabajo, formación y cierta estabilidad, muchos jóvenes y familias no consiguen cruzar la puerta de entrada a una vivienda digna. El nuevo ascensor social tiene cerradura. El cambio es profundo porque afecta a la promesa básica de progreso. España puede presumir de datos laborales positivos, de más afiliación y de una economía que resiste mejor de lo previsto, pero una parte creciente de la población no traduce esos datos en seguridad vital. El empleo ya no garantiza emancipación. El salario ya no garantiza alquiler. La formación ya no garantiza arraigo en la ciudad donde uno trabaja. La vivienda se ha convertido en el filtro que decide quién puede quedarse, quién debe irse y quién queda atrapado en casa de sus padres, en una habitación compartida o en una periferia cada vez más lejana. Los datos retratan una fractura generacional evidente. Según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, el 44,3% de los jóvenes entre 26 y 34 años convivía con sus padres en 2025. Entre quienes seguían en el hogar familiar, casi la mitad señaló como razón principal que no podía permitirse comprar o alquilar una vivienda. No se trata, por tanto, de una preferencia cultural ni de una supuesta comodidad juvenil, sino de una barrera económica directa. El problema no es que una generación no quiera independizarse; es que el mercado le ha cerrado la puerta. El salario ya no abre la puerta La vivienda ha desplazado al salario como principal marcador de posición social. Antes, el sueldo medía en buena parte el lugar que una persona ocupaba en la escala económica. Ahora, el dato clave es otro: si se tiene una vivienda en propiedad, si se heredará una, si se paga un alquiler antiguo, si se vive en una zona tensionada o si se depende por completo del mercado. Dos trabajadores con ingresos parecidos pueden vivir realidades opuestas según su relación con la vivienda. Uno puede ahorrar porque heredó un piso o paga una hipoteca baja; otro puede destinar medio sueldo al alquiler y no acumular nunca patrimonio. Ahí nace una nueva división social: propietarios frente a inquilinos, herederos frente a no herederos, hogares protegidos frente a hogares expuestos. La vieja clase media española se construyó en gran medida sobre la propiedad inmobiliaria. Comprar una casa no era solo tener un techo; era generar ahorro forzoso, patrimonio familiar y seguridad para el futuro. Quien hoy no logra entrar en ese circuito no solo paga más cada mes, sino que queda fuera de uno de los principales mecanismos históricos de acumulación de riqueza en España. El alquiler, que debería ser una vía flexible de...

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