ABC
Corre el año 1880. En Minsk, Bielorrusia, nace Yakov Savtchuk, en el seno de una familia judía proveniente de Ucrania. A finales del siglo XIX y principios del XX, Minsk era una ciudad de intensa actividad política. En 1899, el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (que, tras una escisión en 1903, daría origen a los bolcheviques y mencheviques) celebró allí de forma clandestina su congreso fundacional. El Bund, Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia, tenía una gran actividad en la ciudad. A principios del siglo XX, Minsk contaba con numerosas fábricas que empleaban a miles de trabajadores. La vida cultural era rica y Minsk tenía su propia universidad. En los últimos años del siglo XIX, un censo informó que, de casi cien mil habitantes, aproximadamente la mitad eran judíos. La industrialización de Rusia a finales de los años 90 del Siglo XIX, deriva en una crisis económica que conlleva numerosas tensiones sociales que acentúan un ya existente sentimiento antisemita. Los progroms, tras el asesinato del Zar Alejandro II, obligan a emigrar a muchos judíos. Entre ellos la familia de Iacov, que termina su periplo en Francia. Allí, en la capital del Sena, y ya con el nuevo nombre de Jacques Saoutchik , que se ha formado como ebanista, abre un taller junto a un artesano francés . Tras su boda en el año 1906, emprende un nuevo proyecto, levantando una empresa de carrocerías. Y se consagra creando diseños elegantes y una mano de obra de alta calidad, asumiendo numerosos riesgos tanto en las formas como en los materiales. Apodado el «Viollet-le-Duc», en honor al famoso arquitecto francés, estaba obsesionado con la forma y a menudo utilizaba apliques de madera lacada para resaltar las líneas definidas de sus creaciones. Su formación como ebanista se evidencia en las estrictas tolerancias y el ajuste de los paneles de la carrocería que se aprecian en sus creaciones. Tras finalizar, en 1918 la «Gran Guerra», «la guerra que terminaría con todas las guerras» según el escritor H.G Wells, (en la que Saoutchik participa como conductor de ambulancias, hecho que le permite obtener la ciudadanía francesa) llegaron los felices veinte. Son tiempos muy creativos a nivel artístico, y el automóvil se convertiría en una manifestación más de ese arte. Reyes, príncipes, aristócratas de sangre y también la nueva «aristocracia» del dinero, se dirige a Neuilly sur-Seine donde se levanta la empresa de Saoutchik, para encargar suntuosas, sofisticadas carrocerías sobre los chasis de Isotta Fraschini, Rolls, Hispano Suiza, o Mercedes Benz, que reflejen su poder económico y social. La exuberancia de los diseños de Saoutchik, alcanza una de sus expresiones más significativas con el Mercedes-Benz 680 S Torpedo-Sport «Cannes «de 1928, del que se elaboraron dieciocho ejemplares. Una silueta única de interminable capó, perfiles estirados, aletas adornadas con una aleación de cinc, níquel y cobre, y habitáculos aplastados donde reinan los materiales más exóticos disponibles para los carroceros de la época. Las pieles utilizadas para el interior, con acabado de piel de lagarto, fueron suministradas por Alpina, una empresa que obtenía sus productos de las colonias francesas del sudeste asiático. La hermosa madera, conocida como palo morado, también procedía de las colonias francesas de Sudamérica… Este estilo tan marcado, tan personal, llevado al extremo, lo exhibirá en los Bucciali TAV2 y TAV8-32, unos diseños con recuerdos a los lujosos coches de caballo de antaño y que desprecia corrientes aerodinámicas como la «streamline» que Saoutchik mira con desconfianza como a toda influencia americana sobre el diseño del automóvil. Mediados de la década de 1930 marcaron el apogeo de la producción Pero no dudó en introducir algunas características atrevidas: apertura de puertas correderas, apertura paralela en 1939, e incluso techos corredizos. Pero tras la Segunda Guerra Mundial, el panorama cambia de forma brutal. Ya no estamos ante los «Locos Veinte» posteriores a la «Gran Guerra», que se había convertido en la «Primera» Guerra Mundial. Algunas fuentes indican que es acusado injustamente de colaborar durante la ocupación alemana, como muchos líderes de la industria que se habían visto útiles para el Tercer Reich. Saoutchik es encarcelado brevemente y posteriormente obligado a pagar 120.000 francos como parte de un acuerdo que revocó la sentencia de «degradación nacional», una condena por indignidad nacional que despojaba a sus receptores de derechos políticos, civiles y profesionales, en un periodo confuso de la vida nacional francesa. La sociedad era muy diferente y, sin embargo, Saoutchik no. El carrocero se resistía a los nuevos tiempos. Los históricos carroceros franceses, perjudicados en parte por una nueva legislación que perjudica a la industria de automóviles de lujo, se ven obligados a crear sobre viejos chasis Delahaye, Bugatti o Talbot, con motores y soluciones mecánicas desfasadas. Su estilo se va quedando atrás y no pueden hacer frente a los carroceros italianos que desarrollan atractivas líneas cada vez más depuradas que transmiten sensaciones de ligereza, de deportividad. Es un claro momento de decadencia del que Saoutchik no escapa. En el deseo de retener en su lápiz de dibujo tiempos pasados, cae en excesos decorativos, en el abuso de cromados, en líneas monstruosas. Aún así, su prestigio no deja de atraer a clientes afortunados, generalmente casas reales, que encargan Cadillac o Daimler en, algunos casos, personalizados con un gusto muy discutible. «El soberano, mi padre, tiene setenta años y las piernas paralizadas. Quiero regalarle un automóvil en el que no tendría, para sentarse, necesidad de subir ¿Podría usted realizarlo?» Quien habla así a Jacques Saoutchik es el heredero al trono de Arabia Saudí, el hijo del rey Ibn Saud. Y sobre un chasis largo de Talbot-Lago Record como el que había utilizado para crear en 1950 el coche de Vincent Auriol, presidente de la República Francesa, Saoutchik ingenia el automóvil de Ibn Saud con un asiento trasero pivotante, en realidad una butaca, que se desplazaba hasta el exterior para recoger al monarca y luego lo elevaba hasta el interior del mismo. En 1952, Pierre Saoutchik, uno de los tres hijos de Jacques, toma la dirección de la empresa creada por su padre, enfermo, y con una situación financiera preocupante. Y busca nuevos proyectos . Así, ese año, acuerda con Pegaso la realización de dieciocho unidades sobre la base del Z-102B, siete en carrocería cerrada, y once en abierta. Los Pegaso de Saoutchik, aparecen cada uno con sutiles diferencias en los detalles, pero con el mismo estilo: una línea de techo baja (en el caso de las berlinetas) o guardabarros marcadamente curvados que formaban arcos sobre los redondos faros Marchal, y se abrían alrededor de las ruedas. Entre sus clientes, como era habitual, nombres conocidos como el del barón Thyssen-Bornemisza. Sin duda, son muy diferentes de los Pegaso carrozados por Carrozzeria Touring de Milán o el catalán Serra, de estilo más acorde con los tiempos, que transmiten más sensación de velocidad, de competiciones. No olvidemos que mientras que algunos fabricantes anunciaban sus logros en las carreras, los anuncios de Saoutchik siempre destacaban los premios ganados en concursos de elegancia. Pero los del carrocero francés tienen un sello tan especial que hoy, en pleno siglo XXI, atraen a muchos aficionados a las subastas. Pero en esos años, aquellos Pegaso españoles serán el canto del cisne de un francés nacido en Bielorrusia. En 1955, a Pierre Saoutchik e toca la amarga tarea de cerrar las puertas de la empresa creada por su padre casi medio siglo antes y que fallecerá en 1957. El tiempo es un cruel verdugo del que no se puede huir, pero el arte hace eterno a sus creadores, y Jacques Saoutchik era un artista en el sentido más absoluto.
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