Cope Zaragoza
La pubertad es una de las etapas más complejas y determinantes en la vida de una persona. Lejos de ser un simple periodo de transición de la niñez a la edad adulta, representa una auténtica revolución hormonal que desencadena profundos cambios físicos, bioquímicos y neurológicos. Comprender qué ocurre en el interior del cuerpo de los adolescentes y cómo la alimentación puede modular este proceso es fundamental para garantizar un desarrollo saludable. Para arrojar luz sobre este tema, la ingeniera química malagueña y experta en hormonas, Marta León ha detallado las claves de esta fase vital en 'Herrera en COPE Más Málaga'. Según explica León, las moléculas viajan desde el cerebro hasta los distintos órganos, activando una cascada de transformaciones. “En el cuerpo de un niño y de una niña, se empiezan a producir cambios físicos y bioquímicos, ahí es donde entran las hormonas”, señala la experta a los micrófonos de COPE. Estos cambios son evidentes: a las chicas les crece el botón mamario, mientras que los chicos experimentan el primer estirón, el cambio de voz y la aparición de vello y acné. Pero la transformación no es solo externa. La pubertad también provoca una importante neuroplasticidad y cambios neurológicos que explican las alteraciones en la conducta típicas de la adolescencia. Marta León describe este proceso como “una expansión en la conciencia”, donde los jóvenes “de pronto entran en conflicto, y sienten de manera más profunda las injusticias del mundo”. Esta amalgama de cambios físicos y emocionales se desarrolla en una franja de edad que va, aproximadamente, desde los 10 hasta los 18 años. "En la adolescencia, la nutrición juega un papel fundamental, donde la alimentación no deja de ser la materia prima que le damos al cuerpo para tener una buena salud”, afirma la ingeniera química. En el caso de los chicos, la comida es esencial para fabricar testosterona, lo que se traduce en una subida de la energía y un aumento del apetito. No es raro que los padres de adolescentes varones sientan que “un torbellino ha pasado por la despensa”. El cuerpo masculino comienza a fabricar músculo, un proceso que demanda una gran cantidad de nutrientes, especialmente proteínas e hidratos de carbono. Las chicas, por su parte, también experimentan un apetito mayor y cambios corporales significativos. Empiezan a acumular grasas en zonas como el pecho y las caderas, y sus cuerpos se redondean. Aunque también producen testosterona, en ellas predominan los estrógenos y la progesterona, hormonas que preparan el terreno para la llegada del ciclo menstrual. Para ellas, una alimentación rica en proteínas y, sobre todo, en hierro, es crucial, ya que “a través de la sangre menstrual vamos a perder nutrientes, entonces, no nos podemos quedar atrás”, advierte la especialista. Para asegurar que esta “materia prima” sea de la mejor calidad, Marta León destaca tres alimentos que no deberían faltar en la dieta de ningún adolescente. En primer lugar, los huevos, por su alto aporte de proteína, hierro y omegas. En segundo lugar, el pescado, cuyo contenido en omega 3 es especialmente beneficioso para las chicas que sufren molestias con sus primeras reglas. Por último, la experta recomienda “poner colorcito en la comida” con verduras de colores, patata, boniato, zanahorias o calabaza, que proporcionan hidratos de carbono de buena calidad. En el otro lado de la balanza se encuentran los grandes enemigos de la salud hormonal. León aconseja evitar “todo lo que sean harinas refinadas, pan blanco, azúcar refinada y bollería”. Estos productos, aunque muy atractivos para los adolescentes, pueden ser sustituidos por alternativas más saludables. Por ejemplo, si piden una pizza, se puede preparar una versión casera “con una base de masa de espelta o de trigo integral”. También es fundamental limitar los refrescos y las bebidas azucaradas, que pueden “desencadenar que luego haya mucho acné”. La calidad de las grasas es otro punto a vigilar. Ante el antojo de chocolate, la recomendación es optar por uno de buena calidad, con un alto porcentaje de cacao, idealmente del 85% o superior. Aunque su sabor puede ser intenso al principio, la experta asegura que es una cuestión de costumbre: “A veces no es el que más le gusta a los adolescentes, pero está bueno ir como adaptando el paladar”. Aunque la pubertad sigue su propio ritmo en cada individuo, existen ciertas señales de desequilibrio y que merecen una consulta con el pediatra. En el caso de las chicas, una regla muy dolorosa es motivo para acudir al médico y descartar problemas subyacentes. También lo es una menstruación tardía (si a los 15 o 16 años aún no ha aparecido) o, por el contrario, una pubertad muy temprana, con aparición de botón mamario a los 7 u 8 años. Este último fenómeno, según León, podría estar relacionado con la exposición a disruptores endocrinos presentes en el entorno. Para los chicos la principal señal de alerta es una ralentización en el crecimiento o una madurez que tarda en llegar en comparación con sus compañeros. Si se observa que el desarrollo del vello púbico o los cambios físicos van “un pelín más lento”, podría ser interesante realizar un chequeo, apostilla León. En ambos sexos, una analítica hormonal puede ayudar a determinar si todo está en orden o si es necesario intervenir. La detección temprana, concluye la experta, es la mejor herramienta para asegurar que la revolución de la pubertad llegue a buen puerto.
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