El Periódico Extremadura
«Ya son todos finales. Vamos a por los tres puntos, ahora toca el Zamora», resumió Javi Ajenjo con la misma naturalidad con la que un rato antes había destrozado al Real Madrid Castilla. Como si lo que acabara de hacer —tres goles, una noche para guardar y una victoria que permitió al Cacereño dormir fuera del descenso— fuese solo una estación más en el viaje angustioso hacia la permanencia. Pero no fue una noche cualquiera. Fue la noche de Ajenjo. La del 10. La del futbolista que apareció cuando más falta hacía, en el partido que había que ganar como fuese.
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