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Carabanchel y el Gómez Ulla ante la llegada de los pasajeros del Hondius: «Vamos a ser el Wuhan de España» | Collector
Carabanchel y el Gómez Ulla ante la llegada de los pasajeros del Hondius: «Vamos a ser el Wuhan de España»
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Carabanchel y el Gómez Ulla ante la llegada de los pasajeros del Hondius: «Vamos a ser el Wuhan de España»

Carabanchel huele ya a claveles y a verbena, las primeras señales de las fiestas de San Isidro que empiezan a asomar en las calles del castizo barrio de la capital. Pero este domingo de lluvia gris y paraguas vencidos por el viento también huele a preocupación. A apenas unas horas de la llegada al hospital Gómez Ulla de los 14 españoles evacuados del crucero MV Hondius tras el brote de hantavirus, el barrio contiene la respiración entre la rutina de siempre y una inquietud que pocos terminan de verbalizar del todo. A las 13.00 horas, justo cuando despega de Tenerife el avión rumbo a Torrejon con los españoles, la lluvia golpea con fuerza los charcos que se forman junto a la entrada principal del hospital militar. Bajo la entrada, pacientes y familiares se refugian mirando de reojo las cámaras de televisión ya desplegadas frente a la puerta. Los periodistas esperan novedades mientras las ambulancias siguen entrando y saliendo con normalidad. Dentro, se mantiene el mismo pulso acelerado de un día cualquiera de hospital: celadores empujando camillas, sanitarios caminando deprisa por los pasillos y el pitido intermitente de las máquinas mezclándose con el murmullo de las salas de espera. A simple vista, nada hace pensar que en apenas unas horas ya estarán aquí los pasajeros españoles confinados durante semanas en un barco marcado por la muerte y el miedo al contagio. Pero basta detenerse unos minutos para percibir que algo ha cambiado. Se ven más mascarillas de las habituales y más conversaciones en voz baja. El 22 se repite con asiduidad entre los murmullos, es el número de la planta donde se encuentra la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel. ABC ha intentado, sin éxito, subir a la planta para observar y conocer cómo se preparan los sanitarios ante la llegada de los españoles. No obstante, todos los ascensores del Gómez Ulla se encuentran custodiados por personal de seguridad que te preguntan hacia dónde vas y que impiden que nadie se acerque a menos de dos plantas de la citada unidad. «Llevo toda la semana viniendo con mascarilla, y estoy deseando salir de aquí antes de que comience el caos», comenta con una risa nerviosa Carmen, vecina de la zona, mientras espera a que salga su marido de una consulta. «No es miedo exactamente, porque dicen que está controlado, pero impresiona verlo tan cerca, no sabemos qué puede pasar, esperemos que nada». A su lado, otra mujer interrumpe la conversación para mirar las cámaras apostadas frente al hospital. «Parece otra vez lo del covid», murmura. En los bares cercanos al Gómez Ulla la conversación también gira inevitablemente alrededor del hantavirus. En una cafetería de la calle de la Glorieta del Ejército, un camarero seca vasos mientras sigue las noticias en una televisión colgada en la esquina. «La gente pregunta todo el rato si ya han llegado», cuenta Kevin. «Hay curiosidad, pero también algo de preocupación. Sobre todo la gente mayor. Carabanchel es un barrio de gente anciana, si pasa algo, no son conscientes de que están jugando con fuego» añade el camarero, a lo que un señor sentado en la barra exclama: «Vamos a ser el Wuhan de España». Fuera, un cartel de las fiestas de San Isidro ondea empapado por la lluvia. «A ver, el hospital está preparado para esto», asegura por su parte Antonio, dueño de Rodas, un bar frecuentado por los trabajadores sanitarios. «Aquí han tratado cosas peores. Pero claro, cuando escuchas palabras como cuarentena o aislamiento, la gente se pone nerviosa enseguida». Mientras habla, dos clientes comentan entre ellos el recorrido que hará el convoy desde Torrejón de Ardoz hasta Carabanchel. Dentro del hospital, algunos trabajadores intentan mantener la normalidad pese a la expectación mediática. «Nosotros seguimos trabajando igual», explica una sanitaria que prefiere no dar su nombre mientras apura un café antes de entrar de turno. «Hay protocolos muy estrictos y la situación está controlada. Pero es verdad que hoy se nota más tensión». Cerca de ella, un vigilante observa el movimiento de cámaras y periodistas acumulados frente a la entrada principal. «Desde esta mañana no han parado de llegar medios». El avión militar que traslada a los españoles despegó de Tenerife sobre las 13.00 horas y su llegada a Madrid está prevista entre las tres y media y las cuatro de la tarde. Hasta entonces, el Gómez Ulla espera bajo la lluvia. Entre el ruido de los coches, los paraguas y las primeras verbenas de mayo, Carabanchel aguarda la llegada de unos pasajeros que todavía no han pisado Madrid y que ya han alterado el ritmo del barrio.

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