Diario de Noticias
Aitor Fernández tuvo el viernes un partido peliagudo de afrontar. El portero de Osasuna saltó al terreno de juego para capear el temporal en pleno descenso a los infiernos de su equipo –igualada de dos goles tras llevar dos de ventaja y expulsión de su compañero, Sergio Herrera– y estuvo a la altura del reto. De hecho, el cancerbero rojillo evitó que el conjunto navarro cayera con antelación y estirara el empate hasta el minuto 90, cuando Etta Eyong culminó la remontada. Fue un encuentro difícil porque 32 balones sobre el área rojilla volaron en la segunda mitad y porque la docena de córners de este periodo se convirtieron en una examen muy serio. El hecho de que se midiese a su exequipo fue el colofón en el plano emocional en su debut en Liga esta temporada.
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