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El partido de este domingo puede decidir si el FC Barcelona se proclama campeón de Liga o si debe esperar todavía a la próxima jornada. El equipo de Hansi Flick llega al Clásico con 11 puntos de ventaja sobre el Real Madrid y con la posibilidad de cerrar el título ante su gran rival, en el Camp Nou y a falta de cuatro jornadas. Pase lo que pase, se hace difícil pensar que esta Liga 2025-2026 se le pueda escapar ya al conjunto azulgrana. Sería la segunda consecutiva para el técnico alemán, que en apenas dos temporadas ha devuelto al Barça una sensación competitiva que parecía haberse atascado en el tramo final de la etapa de Xavi Hernández. Desde su llegada al vestuario azulgrana, Flick ha construido un equipo de presión alta, defensa adelantada, ritmo intenso y mucha confianza en los jóvenes. Su Barça juega con la línea casi en el centro del campo, asume riesgos y busca someter al rival desde la energía, la verticalidad y una idea muy clara de lo que quiere ser. Pero más allá de lo deportivo, ¿Quién es realmente Hansi Flick? ¿Qué sabemos del hombre que se esconde detrás de ese técnico sereno, exigente y casi siempre contenido? Flick no es un entrenador de grandes gestos ni de frases incendiarias. Su perfil siempre ha sido más sobrio. Habla poco, mide mucho sus palabras y suele transmitir una calma que contrasta con la exigencia de sus equipos. Nació en Heidelberg, Alemania, en 1965, y antes de sentarse en los banquillos llegó a vestir la camiseta del Bayern de Múnich, club con el que ganó títulos importantes en los años ochenta. Como jugador no tuvo una carrera tan larga como otros nombres de su generación, en parte por los problemas físicos que acabaron adelantando su retirada. Sin embargo, esa salida temprana del campo le abrió el camino hacia los banquillos, primero en equipos más discretos y después en la élite absoluta. En su vida personal hay un nombre fundamental: Silke, su mujer. Se conocieron siendo muy jóvenes, cuando él tenía 18 años y ella 15, y desde entonces han formado una relación muy estable, alejada del ruido que suele acompañar al fútbol de élite. La pareja se casó en 1987 en Bammental, donde durante años regentaron juntos una tienda de deportes, la «Hansi Flick Sport und Freizeit», que abrieron después de que él dejara el fútbol como jugador. Aquel negocio fue una parte importante de su vida. Flick y Silke lo mantuvieron durante más de dos décadas, hasta que el entrenador ya estaba completamente centrado en su carrera en los banquillos. Juntos tienen dos hijas, Hannah y Kathrin, y el técnico ha hablado en varias ocasiones de la importancia que la familia tiene en su manera de entender la vida. El momento más duro llegó en 2010, cuando a Silke le diagnosticaron un cáncer de mama. Flick lo explicó años después en su libro Im Moment – Über Erfolg, die Schönheit des Spiels und was im Leben wirklich zählt ('En el momento – sobre el éxito, la belleza del juego y lo que realmente importa en la vida'), donde repasó cómo aquella enfermedad modificó sus prioridades. El técnico reconoció entonces que sintió miedo de una forma que no había experimentado antes. Estar junto a su mujer y sus hijas pasó a ser lo más importante. «Tuve miedo de una manera que nunca antes había sentido. Estar a su lado y al lado de las niñas era más importante que de costumbre», admitía en el libro. La carrera de Flick también está muy ligada a dos grandes nombres: la selección alemana y el Bayern de Múnich. Durante años trabajó como ayudante de Joachim Löw en Alemania y formó parte del cuerpo técnico que conquistó el Mundial de Brasil en 2014. Después llegó su etapa más brillante en los banquillos. En el Bayern, Flick pasó de solución interina a entrenador histórico. Con él, el equipo bávaro ganó la Champions de 2020 y firmó una temporada perfecta, con el primer sextete en la historia del club bávaro. Aquella experiencia explica mucho del Barça actual. La presión tras pérdida, la valentía defensiva, la obsesión por atacar con muchos jugadores y la idea de competir siempre hacia adelante forman parte de un sello que Flick ya había mostrado antes de aterrizar en Barcelona. En el vestuario azulgrana, Flick ha encontrado un grupo joven y con margen para crecer. Esa juventud, lejos de ser un problema, se ha convertido en una de las grandes fortalezas del equipo. El alemán ha sabido dar confianza a los futbolistas, protegerlos en los malos momentos y exigirles sin necesidad de sobreactuar. Flick transmite autoridad desde la calma. Quizá por eso ha conectado tan rápido con el Barça. El equipo gana, pero también sabe sufrir. Y cuando pierde, el entrenador intenta evitar que el golpe se convierta en incendio.
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