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Distancia mental
Ultima Hora Mallorca

Distancia mental

Tú te crees que Andratx está a veinte minutos porque era así hace dos décadas, cuando eras una pipiola que pensaba que todo estaba a tiro de piedra. Pero estamos en el hoy, en el ahora extraño que nos toca vivir. Entonces te encuentras con los atascos, y dices, bueno, será alto puntual. Pero no, resulta que es así siempre. Esa distancia imaginaria de veinte minutos en realidad ya no existe, es un recuerdo, porque Andratx está a cincuenta minutos de viaje en coche. Vamos a asumirlo: todo se ha vuelto mucho más lejano, más lento, más atascado. Ahora nuestros pueblos queridos de Forana están tan lejos como un vuelo Palma-Madrid. Ya desistimos de visitar otros sitios porque sabes que va a ser una catástrofe de movilidad. He renunciado a Sa Calobra, me enferma enfrentarme a una carretera endiablada, atorada como las arterias de un fumador diabético con el colesterol disparado. Ya no me apetece ir a mis pueblos de la Serra: me harta la manada de ciclistas que ha decidido que nuestras carreteras son una pista de entrenamiento con vistas magníficas. A nadie se le ocurriría ponerse a aprender a patinar en una pista de hielo mientras deportistas olímpicos hacen sus piruetas a nuestro lado. Me dice una amiga: «He dejado de ir a casa de mi padre en Valldemossa con el coche porque no puedo aparcar, no soy residente». Así que coge el bús del TIB porque cree que vive en esa Mallorca de hace diez, veinte años, en la que éramos menos residentes, menos turistas. Pero se tiene que pelear para encontrar un asiento. De ahí esa ansiedad y el cabreo que llevamos encima. Porque no hemos asumido que nuestra Mallorca, la que conocimos, está ya muy lejos.

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