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Talavante puso el poso y Borja Jiménez el peso de un triunfo que se escapó por poco | Collector
Talavante puso el poso y Borja Jiménez el peso de un triunfo que se escapó por poco
Cope Zaragoza

Talavante puso el poso y Borja Jiménez el peso de un triunfo que se escapó por poco

En la tarde en la que arrancaba el abono de San Pedro Regalado en la Plaza de Toros de Valladolid, el público respondió con un lleno aparente en los tendidos y un ambiente propicio para el toreo. Se lidiaron toros de Jandilla y Vegahermosa —segundo, tercero y cuarto— en un encierro desigual pero con un denominador común: la humillación y la transmisión de varios ejemplares. Alejandro Talavante cortó una oreja del primero de su lote, Borja Jiménez paseó otro apéndice en la tarde de su presentación en Valladolid, mientras que Juan Ortega se fue de vacío tras un lote sin opciones claras y una actuación desdibujada. Abrió plaza un toro de Jandilla que ya dejó entrever cierta justeza de fuerzas en el saludo capotero, aunque acudió con alegría al caballo, donde tomó un excelente puyazo. Talavante pronto calentó el ambiente con tres chicuelinas rematadas con una media de cartel. El extremeño inició faena con adornos para sacarse al toro fuera de las rayas y pronto se encontró con un animal encastado, exigente, que pedía mando y, sobre todo, temple. La enorme capacidad del toro para humillar permitía el lucimiento, aunque no siempre resultó sencillo redondear las series con continuidad. Hubo momentos de gran expresión y profundidad, rematados con una estocada algo defectuosa que tumbó a un toro bravo. El palco concedió una oreja de peso. Más hondo fue el cuarto, segundo del lote de Talavante, aunque también falto de fijeza. Comenzó la faena de rodillas, con un pase cambiado por la espalda, en una faena que brindó al respetable. Una labor frente a un toro que se desplazaba y repetía con codicia. La faena tomó vuelo especialmente por el pitón izquierdo, donde Talavante encontró el mejor acople. El de Vegahermosa transmitía y pedía mando, pero la obra se fue alargando en exceso y terminó por dividir al tendido. Un pinchazo previo y una estocada caída y atravesada dejaron el premio en palmas. El primero del lote de Juan Ortega, alto de agujas y de justa presencia, ya apuntó complicaciones en banderillas, haciendo hilo con los de plata. Ortega comenzó genuflexo, con sabor, aunque un resbalón a la salida de la trincherilla marcó el tono accidentado de la faena. El toro nunca regaló una embestida clara y llegó incluso a prender al sevillano hasta en dos ocasiones más. Muy tapado, Ortega trató de llevarlo por abajo, pero sin terminar de someterlo ni encontrar la tecla adecuada. Acabó abreviando y además estuvo desacertado con los aceros. El quinto salió como un tren al caballo, tomando un puyazo largo y doliéndose en banderillas. Manso de libro, en cuanto se vio podido renunció a la pelea y apenas quiso saber nada de la muleta. Ortega insistió por ambos pitones, aunque sin eco en los tendidos ni conexión con el animal. Incluso en un contexto tan deslucido faltó ese punto de alma y abandono que tantas veces distingue el toreo del sevillano. Nuevamente falló con la espada. La expectación estaba puesta también en la presentación de Borja Jiménez en Valladolid, y el sevillano dejó una grata impresión. Recibió a su primero con una larga cambiada en el tercio y, pese a la falta de fijeza inicial del toro, logró dibujar dos verónicas de buen gusto rematadas con una media templada. El toro, de Vegahermosa, marcó pronto su querencia, siendo picado precisamente en esos terrenos. Allí entendió Borja la condición del animal y allí decidió jugársela. Comenzó la faena de rodillas junto a la boca de riego, ligando una serie diestra que llegó rápido al público. Siempre mirando a tablas, el toro mantenía la casta suficiente para permitir la ligazón, y Borja respondió con una faena de poderío, muy tapado, firme y pisando terrenos comprometidos. Asentado, con mando y valor en una labor de importancia. La estocada, muy trasera, dejó el premio reducido a una oreja. Cerró plaza otro ejemplar de Jandilla que apuntó buena condición de salida, aunque la corrida volvió a torcerse durante el tercio de banderillas cuando el animal sufrió una voltereta, lesionándose la mano derecha. A pesar de ello permaneció en el ruedo, muy condicionado físicamente. Borja intentó sostener la faena llevándolo siempre muy por arriba y sin someterlo, consciente de la limitación del toro. Lo probó por ambos pitones, pero resultó imposible construir una obra con continuidad. Un pinchazo y una estocada pusieron punto final a una tarde de cierto interés ganadero y detalles toreros en la apertura de San Pedro Regalado.

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