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"¿Te imaginas ser conocida como la mujer que colgó al Papa? A los dos meses llamó a su banco para cambiar su número y le dijeron que tenía que ir en persona. Él dijo que era el Papa y le colgó" | Collector
Cope Zaragoza

"¿Te imaginas ser conocida como la mujer que colgó al Papa? A los dos meses llamó a su banco para cambiar su número y le dijeron que tenía que ir en persona. Él dijo que era el Papa y le colgó"

En 'Herrera en COPE', Carlos Herrera ha dado paso a María José Navarro para relatar, como cada día, la 'Historia del Día', este lunes centrada en las frustraciones con el servicio de atención al cliente. Una experiencia que, según ha contado, afecta a todos por igual, incluido al Papa León XIV, Robert Prevost. La anécdota ha sido revelada por un amigo del pontífice, el reverendo Tom McCarthy, durante una de sus homilías. A los dos meses de su nombramiento, el Papa decidió llamar a su antiguo banco en el sur de Chicago para actualizar sus datos personales, concretamente su número de teléfono y su dirección. Al ser atendido por una empleada, se presentó con total normalidad: "Sí, señora, soy Robert Prevost, me gustaría hacer un cambio". La operadora procedió a realizarle todas las preguntas de seguridad pertinentes. Sin embargo, tras verificarlas, le comunicó una exigencia inesperada que complicaba la gestión. El reverendo Tom McCarthy, amigo del Papa, lo describe como "un tipo muy humilde" que se enfrentó a una situación cotidiana para muchos. La operadora, siguiendo el protocolo, le espetó: "Lo siento, señor, aquí pone que tiene que venir en persona". Ante la sorpresa, el pontífice intentó razonar con ella explicándole la dificultad de su situación: "Bueno, eso no va a ser posible, no voy a poder hacerlo, ¿no podemos cambiarlo?", preguntó. Ante la negativa de la empleada, el Papa León XIV decidió revelar su identidad pensando que así solucionaría el trámite. Con calma, le preguntó a la operadora: "¿Importaría si le dijera que soy el Papa León XIV?". La reacción de la trabajadora del banco fue colgar el teléfono inmediatamente. La historia, contada en el espacio de María José Navarro, concluye con una doble reflexión. Por un lado, demuestra que las desesperantes experiencias con la atención al cliente no son algo personal. Por otro, subraya lo "muy desagradecido" que es el trabajo de los teleoperadores, quienes afrontan a diario conversaciones con clientes sin ninguna paciencia, haciendo un llamado a la amabilidad.

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