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Román encuentra premio ante un notable toro del Conde de Mayalde
Cope Zaragoza

Román encuentra premio ante un notable toro del Conde de Mayalde

La tercera de San Isidro se hizo interminable entre devoluciones, viento, avisos y faenas excesivamente largas. La corrida de Conde de Mayalde dejó más seriedad y apuntes que redondez en un festejo espeso, del que sobresalió el cuarto, un cinqueño encastado y con calidad al que Román cortó una oreja después de una faena de más emoción que fondo y forma. También dejó huella la raza de David Galván, que regresó de la enfermería para estoquejar el sexto tras sufrir un puntazo en la espalda en un quite por chicuelinas. Gonzalo Caballero, por su parte, regresaba a Las Ventas desde 2022 y dejó una tarde seria, aunque sin terminar de redondear nada. La tarde comenzó torcida desde el primer toro, un ejemplar de Conde de Mayalde que empezó a perder las manos ya en el capote de David Galván y acabó siendo devuelto tras evidenciarse su falta de fuerzas en varas. En su lugar salió un imponente sobrero de Fermín Bohórquez, de tremendo trapío y mucha seriedad. Frío y reservón de salida, el animal fue desarrollando temperamento conforme avanzó la lidia. Galván, que brindó la faena al banderillero Raúl Ruiz, todavía recuperándose de la grave cornada sufrida días atrás en esta plaza, firmó una actuación de mérito silencioso, muy asentada sobre el valor y la firmeza frente a un toro nada sencillo y con el viento además molestando constantemente. El gaditano planteó la faena con intención y exposición. Una media estocada y el descabello dejaron todo en una ovación tras aviso. La noticia negativa de la tarde llegó en el tercio de quites del tercero. David Galván fue violentamente arrollado al intervenir por chicuelinas y tuvo que ser trasladado a la enfermería aquejado de un puntazo en la zona lumbar. La corrida se reordenó entonces sobre la marcha y el sexto, inicialmente previsto como cuarto, terminó siendo devuelto también en banderillas. Cuando parecía que la tarde del gaditano había terminado, Galván reapareció con visible vendaje en la cintura para enfrentarse al sobrero definitivo de Bohórquez. Y ahí volvió a dejar una imagen de enorme seriedad. El toro embistió con disparo, reservón y probón, exigiendo mucho. Galván tiró de raza, aguantó miradas y encontró incluso muletazos estimables cuando consiguió someter mínimamente la embestida. Madrid valoró el esfuerzo y la verdad del torero gaditano, que además rubricó su actuación con una gran estocada antes de volver directamente a la enfermería. La única oreja de la tarde llegó en manos de Román y tuvo como protagonista al cuarto de la tarde, el mejor toro del encierro. Un cinqueño serio, con presencia y prontitud, que embistió con alegría y profundidad desde los cites largos que le planteó el valenciano. Especialmente importante fue el pitón izquierdo, por donde el de Conde de Mayalde hizo el avión con largura y emoción. Román entendió pronto que el toro pedía distancia y ligazón, y logró construir una faena estimable, bien estructurada y siempre conectada con los tendidos. Sin embargo, faltó quizá un punto más de ajuste y de mando para terminar de romper del todo una obra que tuvo más apariencia que verdadera hondura. Aun así, la emoción del toro sostuvo siempre el interés del conjunto. Una estocada al encuentro terminó de decantar la balanza y puso en sus manos una oreja. Antes, el valenciano ya había dejado una actuación voluntariosa frente al segundo, un toro bajo y de buenas hechuras que comenzó embistiendo con cierta franqueza antes de buscar rápidamente refugio en tablas. Román, muy centrado toda la tarde, inició la faena desde los medios y trató de darle sitio y distancia, pero el animal fue apagándose sin remedio y aquello nunca remontó vuelo. Gonzalo Caballero regresaba a Las Ventas después de cuatro años de ausencia y dejó una tarde de serenidad y compromiso, aunque sin terminar de redondear ninguna de sus dos actuaciones. El tercero, noble aunque algo justo de fuerzas y carente de clase, le permitió momentos aislados de buen concepto, especialmente cuando consiguió darle distancia y llevarlo por abajo. La faena, dedicada a la memoria de la pequeña María Caamaño, nunca terminó de coger ritmo ni continuidad. Más opciones tuvo el quinto, un toro muy serio y de comportamiento interesante. Exigía llevarlo muy enganchado y torearlo con mando para alargar su recorrido. Gonzalo dejó muletazos sueltos de mérito y momentos estimables, pero la labor transitó demasiado entre altibajos y sin terminar de compactarse. El toro acabó desluciendo la embestida al sacar la cara por encima del palillo y el conjunto se diluyó definitivamente entre pinchazos.

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