ABC
Durante años, los entusiastas del motor hemos mirado con recelo la transición eléctrica. Nos faltaba el «feeling»: ese tacto de freno natural, un chasis que no se sintiera torpe bajo el peso de las baterías y una dirección que hablara con el conductor. Sin embargo, Alpine, la firma deportiva del Grupo Renault, acaba de demostrar que los eléctricos también pueden ser muy emocionantes. Se puede disfrutar, y mucho, al volante. Pero no sólo eso, un coche también debe emocionar a primera vista... y este Alpine lo hace. He tenido la oportunidad de ponerme al volante del nuevo Alpine A390 GT y la conclusión es clara: la emoción ha vuelto, y es silenciosamente salvaje. El A390 GT no es un SUV más; es una declaración de intenciones. Con sus 4,62 metros de longitud, su silueta destaca por unas líneas afiladas y una personalidad arrolladora. La firma lumínica LED es extremadamente fina, otorgándole una mirada agresiva que se complementa con formas triangulares repartidas por toda la carrocería. El contraste bitono en negro presente en el techo, los retrovisores y los pasos de rueda, junto a las imponentes llantas de hasta 21 pulgadas, esconden un sistema de frenado a la altura de las circunstancias con pinzas Brembo de seis pistones en el eje delantero. En la zaga, el nombre de Alpine iluminado deja claro quién firma esta obra de ingeniería francesa. El habitáculo es un equilibrio perfecto entre la digitalización y el mundo de las carreras. El volante, inspirado directamente en la competición, incluye dos joyas fundamentales. Por un lado, el botón 'Overtake' entrega toda la potencia disponible durante diez segundos para adelantamientos fulminantes. Por otro, el mando de frenada regenerativa permite gestionar hasta cinco niveles de retención, habilitando la conducción con un solo pedal. A nivel tecnológico, el despliegue es total con un cuadro digital de 12,3 pulgadas y una pantalla central de 12 pulgadas. Eso sí, Alpine ha mantenido el acierto de conservar botones físicos para el climatizador, algo que como probador siempre se agradece. La arquitectura técnica del A390 GT es fascinante. Equipa tres motores eléctricos, con dos situados detrás y uno delante, que suman una potencia de 400 CV. Gracias a su tracción total, el crono se detiene en los 4,8 segundos para el 0 a 100 km/h. En cuanto a autonomía, su batería de 89 kWh permite recorrer hasta 557 kilómetros. Además, su capacidad de carga rápida a 190 kW permite pasar del quince al ochenta por ciento de batería en apenas 25 minutos, haciendo que los viajes largos dejen de ser una preocupación. La pregunta es: ¿Puede un coche de 2,1 toneladas ser ágil?. La respuesta es un rotundo sí. En tramos cerrados al tráfico, la puesta a punto de Alpine brilla con luz propia. El gran secreto es el sistema 'Alpine Active Torque Vectoring', que gestiona el par de forma inteligente enviando más fuerza a la rueda exterior en curva. El resultado es un paso por curva sorprendentemente ágil y un guiño al sobreviraje que saca una sonrisa. Lo que ha hecho Alpine con este A390 es espectacular, ya que la agilidad en curvas y la estabilidad en aceleración rompen los prejuicios sobre el peso de los eléctricos. Para los más puristas, el modo 'Track' elimina las ayudas electrónicas y, junto a la función 'Alpine Telemetrics', permite monitorizar cada parámetro del vehículo como si estuviéramos en un box de Fórmula 1. El A390 GT no pretende ser un A110, pero es intuitivo, agresivo y tremendamente divertido. Y ojo, que esto es solo el principio: pronto llegará la versión GTS con 470 CV. Alpine ha demostrado que el futuro eléctrico de la marca deportiva de Renault no solo es eficiente, sino profundamente emocionante.
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