Diario CÓRDOBA
A mediados del siglo XX, surgió un movimiento arquitectónico caracterizado por la funcionalidad de sus edificios y la expresividad de los materiales empleados para su construcción, entre los que se encontraban el ladrillo caravista y, muy especialmente, el hormigón. Calificados por el escritor y crítico de arquitectura británico Reyner Banham como brutalistas, esos contundentes edificios que abarcaban diferentes tipologías—desde viviendas a ministerios; desde centros educativos a residencias e iglesias—, se convirtieron en una acertada solución, por económica y eficaz, para un contexto históricos como el de la postguerra europea, en el que había tanta escasez de recursos como necesidad de vivienda y equipamientos.
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