El Comercio
La semana pasada conocí a Cristofer en la Universidad Nacional del Altiplano (UNAP) de Puno. Un estudiante de 18 años de Juliaca que sale de su casa todos los días a las 4:30 a.m. para poder llegar a Puno. Su historia no es excepcional; como él, cientos de miles de jóvenes de las distintas regiones del país enfrentan enormes sacrificios para labrarse un futuro. En algunos lugares, ese esfuerzo es muchísimo más grande que en otros, y la recompensa mucho menor.
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