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Steve Jobs (1955-2011) falleció en compañía de su mujer, Laurene Powell, y sus tres hijos. «Steve murió tranquilamente, rodeado de su familia» , señaló el comunicado publicado tras su muerte. «En su vida pública, Steve era conocido como un visionario; en su vida privada, tenía un gran cariño a su familia. Estamos agradecidos a tanta gente que nos ha hecho saber sus deseos y oraciones durante el último año de enfermedad de Steve; una página web será facilitada para aquellos que quieran ofrecer tributos y recuerdos [...] Pedimos que respetéis nuestra privacidad durante nuestro tiempo de dolor». Jobs llevaba tiempo luchando contra un cáncer de páncreas que le diagnosticaron en 2004 y que, aunque en un primer momento logró superar, con el tiempo volvería a surgirle y finalmente provocó su muerte. De la noche a la mañana su viuda, Laurene Powell, se convirtió en una de las mujeres más ricas del mundo gracias a la gran fortuna personal que el cofundador de Apple le dejó con las acciones en la compañía y en Disney -en 2011, esas acciones se valoraban en torno a los 10.000 millones de dólares y se multiplicó por diez en la última década-. No solo ha sido la mujer que ha protegido la privacidad de Steve Jobs durante sus siete años de enfermedad, sino la que le hizo cambiar el look bizarro que lucía en los años 80 y le animó a implicarse tanto en la ayuda social como en política. Casada con el magnate de la tecnología durante 20 años y medio, Powell Jobs no solo luchó por la privacidad de Steve durante sus siete años de enfermedad, sino la que le hizo cambiar el look bizarro que lucía en los años 80 y le animó a implicarse tanto en la ayuda social como en política. Vegetariana como su marido (aunque él hacía una excepción con el pescado), impulsó la creación de una fundación para estudiantes con menos posibilidades y a inyectar dinero a varias fundaciones por los derechos de las mujeres además de convencerle para financiar puntualmente al Partido Democrático. El último deseo de Steve Jobs antes de morir se lo confesó poco antes a su mujer: quería que su fortuna no le sobreviviera para devolver a la sociedad todo lo que obtuvo de ella. Y su viuda está cumpliendo con la promesa. «No me interesa construir sobre el legado de una herencia y mis hijos lo saben. Steve no estaba interesado en eso. Si vivo lo suficiente, esa herencia se terminará conmigo», sentenció ella con rotundidad. La empresaria ha invertido ya gran parte de la herencia en proyectos filantrópicos que trabajan para mejorar la vida de las personas y reducir el impacto del cambio climático. Laurene ha creado sus propias fundaciones benéficas: 'Emerson Collective', con proyectos educacionales para lograr la igualdad de oportunidades educativas para colectivos en riesgo de exclusión; y Waverley Street Foundation, orientada a proteger a los colectivos más vulnerables al cambio climático. «Heredé mi riqueza de mi esposo, a quien no le importaba acumularla. Hago esto en honor a su trabajo y he dedicado mi vida a hacer todo lo posible para distribuirlo de manera efectiva, ayudando a las personas y las comunidades de manera sostenible», dijo sobre su intención de invertir 3.500 millones de dólares en estas dos fundaciones en los próximos 10 años.
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