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La genialidad nos da igual; la IA, no
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La genialidad nos da igual; la IA, no

En 2026 aún hay gente que dice que la IA no podrá hacer nunca arte de verdad, porque no siente como los humanos, y se quedan tan tranquilos: es una respuesta que podría dar la IA misma. Mientras tanto, hay jueces escribiendo sentencias con ChatGPT y académicos haciendo lo mismo con sus artículos o sus tesis doctorales, y tenemos a los emprendedores dando la chapa por Linkedin más que nunca, porque solo tienen que hacer clic para tener su post motivacional, su lección de vida. Los periódicos ya buscan redactores que sepan usar la IA «para ser más eficientes», y en X los usuarios han delegado en Grok su comprensión lectora, su capacidad crítica, su sentido común. «Grok, ¿esto es real?», preguntan una y otra vez, ya estén viendo un dragón o una declaración de la renta. Da igual que la IA alucine y falle y se invente cosas: para lo que hacemos nos vale, para lo que exigimos nos vale. Que la IA ya se use para todo esto, y para más historias, no habla tan bien de la IA como mal de nosotros, que aceptamos la chapuza si nos llega pronto, que nos arriesgamos al error si nos ahorramos un esfuerzo. Cómo le vamos a explicar ahora a los estudiantes que tienen que escribir sus trabajos, que tienen que pensar, cuando el mundo está yendo la dirección contraria y sus profesores seguramente han diseñado sus exámenes con IA. La IA, sí, ya hace muchos trabajos creativos, que en realidad eran más mecánicos de lo que parecían. En 2024, en Amazon tuvieron que limitar a tres el número de libros que un autor podía publicar al día, entre otras cosas porque se estaba saturando la plataforma. En China, en cambio, han podido asumir el aumento exponencial de microdramas generados por inteligencia artificial: solo en marzo se estrenaron en la plataforma Doyin cincuenta mil piezas de este género, una cifra superior a la de todo 2025. El microdrama, dicen, es la televisión de la generación TikTok, telenovelas que se emiten en episodios de menos de dos mintuos, y que empezaron a popularizarse a partir de la pandemia. En español tenemos un subgénero propio, las frutinovelas, que nos cuentan las aventuras sentimentales del señor plátano, la señora mandarina y otras frutas de supermercado. A lo mejor la IA nunca llega a ser Cervantes, pero esto le pasa al 99,99% de la población, sean escritores o no. Y en realidad da igual, porque la industria del entretenimiento nunca ha vivido de la genialidad.

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