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Buenas noticias para las finanzas vaticanas. En 2025 el IOR (Istituto per le Opere di Religione o banco del Vaticano) ha ganado 51 millones de euros, un 55,5% más que el año anterior, y el récord de los últimos diez años . Gracias al resultado, ha donado 24,3 millones de euros al Papa León XIV para obras de caridad. El mérito debe atribuirse tanto a una mejor gestión operativa de los fondos que maneja, como a las favorables condiciones de mercado, y contribuye a pasar página de años de corruptelas y tejemanejes en esta institución. Los beneficios siguen lejos de los números de 2012, cuando se cerró el ejercicio con 86,6 millones de euros. Han pasado muchas cosas desde entonces, sobre todo para bien del banco. No era una casualidad que en 2013 sólo un banco colaboraba con el IOR, y ahora colaboran con unos treinta. «El Vaticano figuraba entonces en la lista gris, muy cerca de la lista negra de los paraísos fiscales», recuerda Jean-Baptiste de Franssu, quien ha sido presidente del IOR hasta finales de marzo de este año, en una entrevista con «Le Pelerin». El principal elemento que ha cambiado desde entonces es la transparencia. Hasta 2015, en la práctica el IOR era considerado un paraíso fiscal pues no compartía los datos de sus clientes con la Hacienda de los países de procedencia de sus clientes, Italia (nacionalidad del 80%) y EE.UU. Eso significaba que tampoco sus clientes estaban obligados a informar sobre estas cuentas al declarar sus impuestos. A partir de 2015, el Vaticano sí que comparte esos datos. Asimismo, desde 2013 aproximadamente ha dejado de dar créditos, pues en general pocos clientes los devolvían, ya que los consideraban donativos. Por otro lado, desde 2014, ha clausurado unilateralmente una de cada cuatro cuentas corrientes, unas 5.000, las de clientes que se aprovechaban de las condiciones de la entidad para operaciones en la frontera de la ilegalidad. Ahora, sólo pueden usar sus servicios instituciones religiosas, junto a sacerdotes, seminaristas, religiosos, los empleados o pensionistas del Vaticano, o los diplomáticos ante la Santa Sede. Esas condiciones opacas permitieron saquear sus cargas a personas sin escrúpulos que guiaron los destinos de este banco. En enero de 2021, el tribunal vaticano condenó al expresidente del IOR Angelo Caloia (1989-2009), a ocho años y once meses de prisión por blanqueo de capitales, malversación y apropiación indebida, pues vendió inmuebles de la entidad por valor inferior a la realidad y se embolsó 59 millones de euros. Parte del mérito de la limpieza, que en su tiempo fue muy criticada, se debe a la tenacidad de de Franssu, que ha concluido su mandato tras recibir la aprobación de estas cuentas. Ya lo ha sustituido el luxemburgués François Pauly, con experiencia en la Banca Rothschild y en la Comisión de Asuntos Económicos de la Archidiócesis de Luxemburgo. En noviembre deberá designar un nuevo director general, que es el cargo más importante de este banco. El IOR, un banco de sólo 115 empleados, que se ocupa de 12.000 clientes y que trabaja en 110 países, destaca en un comunicado que los buenos resultados de 2025 se deben «a la mejora de los resultados operativos, como consecuencia de una gestión activa y disciplinada de las carteras y de las condiciones favorables del mercado» y «al aumento de los depósitos de los clientes», sobre todo procedentes de congregaciones religiosas. Actualmente gestiona activos por valor de 5.900 millones de euros (se trata de depósitos, cuentas corrientes, gestión de carteras y valores en custodia), un 3% más que en 2024, cuando gestionaba 5.700. Mejora en los ingresos netos por intereses, 32,3 millones de euros, frente a los 29,4 millones de euros de 2024; y en los ingresos netos por servicios bancarios, 66,3 millones de euros, frente a los 51,5 millones del anterior. Ve reducidos un poco los ingresos por comisiones, 26,2 millones de euros respecto a los 26,5 millones de euros de 2024. Ha aumentado su patrimonio neto en 83,4 millones de euros, y ahora se sitúa en 815,3 millones de euros. Este, junto a la reducción general de riesgos, lo ha convertido en una entidad más sólida que el año pasado en términos de capitalización y liquidez; según el índice de capital «Tier 1» está en el 71,9%. Los auditores de Deloitte & Touche han calificado como «sin objeciones» el balance del banco. En 2024 pudieron entregar un dividendo de 13,8 millones al Papa para «obras de caridad y la misión de la Iglesia». Que el dividendo sea este año de 24,3 millones es una buena noticia. Pero que no se hable del IOR por motivos de escándalos, es para la Santa Sede una aún mejor.
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