Ultima Hora Mallorca
Si antes de hoy alguien pensaba que lo sabía todo acerca de virus, infecciones, epidemias y demás, es porque aún no nos habíamos topado con lo del barco. Yo misma, que no sé nada acerca de todo esto, ya no puedo más. Exhausta, estoy, después del fin de semana. Aún no sé cómo no me ha dado una lipotimia o un vahído con caída libre. Y me figuro que ustedes estarán igual. Porque no es que nos dieran la tabarra constantemente con las noticias sobre el operativo que iba a llevar a los posibles contaminados a sus casas. No. Es que después de las noticias aparecieron todos los comentaristas del mundo para comentarlas. Se ve que es posible tener opinión sobre todo, incluso de operaciones antivirus. Y lo digo porque los opinadores son siempre los mismos. Los mismos que nos cuentan los casos de corrupción del momento. Los mismos que comentan la vida de los famosos. Los mismos que critican –con razón, ojo– las actuaciones políticas. Tenemos un surtido de especialistas universales que no se puede aguantar. Y ahora, cómo no, lo saben también todo sobre apestados. El rasgo común de los apestados es que no los quiere nadie cerca. Que se contengan, que se contengan, parecen decirles los demás. Cómo se puede permitir la injusticia de que unos apestados lleguen a puerto y puedan liberarse de la preocupación que causa encontrarse en alta mar sin expectativas. Los apestados no se pueden tolerar. Acuérdense de los leprosos de Ben-Hur o del Corral de apestados, de Goya. Y los presuntos apestados, mucho menos. Se les busca como si fueran delincuentes peligrosos. O al menos es la impresión que da visto desde el sofá de casa. De todas formas, si ahora se retransmite hasta la saciedad la desventura del crucero, no debemos olvidar que dentro de unos días ya ni se hablará del asunto. Esto es así. Con las noticias de actualidad ya se sabe.
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