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El conseguidor lo consiguió
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El conseguidor lo consiguió

Todavía quedan muchos juicios pendientes, muchísimos (toda la actualidad es judicial), pero el del ‘Caso mascarillas’ en el Tribunal Supremo contra Ábalos, Koldo y de rebote por intuición contra el presidente del Gobierno, acabó y quedó visto para sentencia la semana pasada. Otro peso jurídico que nos quitamos de encima. En ese juicio, muy mediático y ruidoso, además de los mencionados también se juzgaba a un conseguidor, un comisionista, un empresario y un arrepentido excarcelado, apelativos todos de un mismo individuo, el célebre señor Víctor Aldama, de largo el personaje más notable de este evento judicial. Y lo primero que hay que decir, por si no se ha dicho suficiente, es que el conseguidor (comisionista, empresario y oficialmente arrepentido) lo consiguió. Normal, un conseguidor no es el que la sigue, sino el que la consigue, igual que un goleador es el que la mete, y un llegador en ciclismo no es el que más corre, sino el que llega. Nosotros no sabemos nada de derecho procesal ni asuntos judiciales, y menos aún si se trata de asuntos judiciales españoles, a menudo extraordinariamente viscosos y metajurídicos, Dios nos libre de hacer comentarios. Ya los hace el Tribunal Supremo. Los casos de corrupción política, además, son especialmente técnicos, exigen un idioma propio que desconocemos, pillamos los adjetivos calificativos, pero no tanto los verbos. Y la sintaxis… Bueno, con la sintaxis no hay manera. Por eso, aunque el fiscal Luzón de la Fiscalía Anticorrupción declaró que el presidente Sánchez no era el número 1 de la trama criminal, como «con notable desahogo» aseguró el conseguidor vagamente arrepentido Víctor Aldama, hoy queremos destacar únicamente que lo que quería conseguir lo consiguió. Y con notable desahogo, a juzgar por los aplausos del PP y su exigencia de que le reduzcan más la condena. Opinión que comparte el propio Luzón, al apreciar la atenuante privilegiada de arrepentimiento y colaboración con la justicia. En Cosecha roja, novela de 1929 de Dashiell Hammett, el Agente de la Continental logra limpiar la corrupta ciudad de Poisonville haciendo que los malos se enfrenten y asesinen entre sí. Ya no estamos en 1929, y ahora eso mismo se hace por vía judicial. Que los presuntos criminales se ajusten las cuentas. Sí, lo consiguió.

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