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La temporada de pesca del salmón ha comenzado con una quietud preocupante. Van 20 días de campaña y el esperado primer salmón de la temporada, conocido como el campanu, aún no ha aparecido en los ríos de Asturias ni de Cantabria. Esta ausencia es, para los expertos, un síntoma inequívoco de una importante reducción en la población de salmones, que podría estar al borde de la extinción. La voz de alarma la ha dado el naturalista Luis Laria, propietario del Parque de la Vida, quien no duda en calificar la situación como crítica. Según Laria, la especie está en extinción, "a pesar de que no esté declarada como tal". Los ecologistas coinciden en señalar al cambio climático y a la sobrepesca como los factores fundamentales que han llevado a este declive. Desde la Coordinadora Ecoloxista de Asturias lleva 17 años reivindicando que se tomen medidas y se prohíba la pesca del salmón. Fructuoso Pontigo, presidente de la asociación, está convencido de que la especie está en extinción, al igual que la trucha, y apunta a las medidas de recuperación de la trucha implantadas en León, con una veda que está funcionando. Para Pontigo el cambio climático es el principal culpable de la paulatina desaparición del salmón por lo que aboga por la prohibición de la pesca del salmón salvaje para "salvaguardar los pocos que entren al río". No entiende el "empeño de los pescadores por pescar aunque sea el último salmón", le parece un error para el futuro. Ante este escenario, Luis Laria considera que la tradicional subasta del campanu no debe celebrarse. Califica como "una vergüenza" y "poco sensato" festejar la captura del primer ejemplar de una especie amenazada. "Sería muy triste que incluso lo subastasen con cifras de hasta 5.000 o 7.000 euros", lamenta el naturalista. Califica como buena noticia la decisión del Ayuntamiento de Salas de no celebrar la subasta este año, a causa del fallecimiento de Jesús Fernández Fernández, vicepresidente de la Asociación Las Mestas del Narcea. Laria se muestra tajante sobre la celebración: "Sería una vergüenza que una sociedad que ve que una especie está en extinción, y digo está en extinción, a pesar de que no esté declarada como tal, se celebrase una fiesta por todo lo alto, que es lo que se llama la subasta del campanu". Y añade con contundencia: "No es posible en una sociedad del año 2026 que ocurra esto, tenemos que ser un poco más sensatos". Para Laria, la causa más grave de esta desaparición es el cambio climático. Explica que la "alteración de las corrientes oceánicas del Atlántico está variando de forma tan sustancial" que está afectando a múltiples especies. Como ejemplo, señala que se está "perdiendo el pulpo en la cornisa cantábrica y atlántica gallega". Asegura que el cambio climático ha provocado "alteraciones dramáticas en estos últimos 10 años". Sin embargo, el naturalista apunta que no es el único factor. La presencia de "redes de pesca en el mar que están capturando salmones" también contribuye al problema. "Hay un conjunto de elementos que hacen que esta especie esté, podríamos decirlo así, semiextinguida ya", afirma con preocupación. Aunque subraya que no son los principales responsables, Luis Laria también señala el papel de los pescadores deportivos. "Yo no he hecho la culpa completamente ni mucho menos a los pescadores deportivos, claro que no tienen la culpa, pero ellos son parte", matiza. Sostiene que su contribución al problema no puede ser ignorada en la ecuación. En este sentido, el ecologista Fructuoso Pontigo es más directo y señala que la situación actual "exige medidas que básicamente pasan por no pescar salmones en Asturias". Por su parte, Laria insiste en la responsabilidad compartida: "si se pesca el último que aparece en un río, la culpa ya es de la pesca deportiva también". Finalmente, el naturalista hace un llamamiento general a la reflexión y la acción. "Pido, por favor, un poco de sensatez, un poco de cordura, y que nos demos cuenta de que nosotros en este planeta somos la causa y la culpa absoluta", concluye, recordando que el cambio climático es una alteración motivada en última instancia por el propio ser humano.
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