Cope Zaragoza
Un grupo de padres de alumnos del Centro de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Rambla Santa Cruz, en Tenerife, ha decidido alzar la voz para denunciar una situación de presunto maltrato psicológico continuado por parte de una profesora de francés hacia los estudiantes. El caso, que ha generado una profunda preocupación en la comunidad educativa, ha sido expuesto por Patricia, madre de una de las alumnas afectadas, en 'Herrera en COPE Tenerife'. A pesar de las múltiples quejas y escritos formales presentados tanto a la dirección del centro como a la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, la respuesta, según denuncia, ha sido el más absoluto silencio. La hija de Patricia, que cursa sus estudios en este centro, ha experimentado una transformación radical en su comportamiento y estado de ánimo. Antes de la llegada de esta docente, era una estudiante ejemplar. “Nunca ha tenido un problema disciplinario, nunca, siempre ha sacado buenas notas de notable y sobresaliente”, explica su madre. Además, la describe como “una niña feliz, que llegaba contenta al colegio, siempre sonriendo, y siempre llevándose bien con todo el mundo”. Un estado de ánimo, que, lamenta, ha desaparecido: “Que quede claro el perfil que tenía mi hija, porque, desgraciadamente, ya no lo tiene”. El conflicto se remonta a hace dos años, cuando la profesora en cuestión se incorporó al colegio. Según relata Patricia, su hija pronto comenzó a llegar a casa con testimonios alarmantes sobre el trato recibido en la clase de francés. Las quejas iniciales, como “mamá, esta señora nos habla mal” o “nos insulta”, escalaron rápidamente. La madre detalla que el problema no era puntual, sino una constante: “Está todo el día gritando, no habla normal”. Estas primeras alertas llevaron a Patricia a indagar más a fondo, contrastando la información con otros padres y compañeros de clase de su hija. Pronto comprendió que no se trataba de un caso aislado. “Ahí fue cuando empecé a entender que no era mi hija sola, que eran prácticamente todos los niños de la clase”, afirma. Las acusaciones de los padres apuntan a una “conducta autoritaria que roza el abuso”, con gritos e insultos frecuentes. Entre las frases que la docente supuestamente dirige a los menores, se encuentran descalificaciones como “son unos inútiles, no sirven para nada” o expresiones de su propio descontento: “Yo no quiero estar aquí, prefiero estar trabajando de 8 a 3 delante de un ordenador de la consejería antes que enseñarles a ustedes”. La situación se agrava por los antecedentes que, según ha trascendido, acompañan a la profesora. Al parecer, ya habría protagonizado episodios similares en su anterior destino, el colegio Tomé Cano, también en Santa CRuz, de donde habría sido trasladada para “callar a los padres”. Algunas fuentes señalan que, en aquel centro, varios alumnos necesitaron tratamiento psicológico tras haber estado en sus clases, un dato que añade aún más gravedad a la denuncia actual en el CEIP Rambla Santa Cruz. Siguiendo el protocolo establecido, Patricia se dirigió en primer lugar a la tutora de su hija y, posteriormente, a la directiva del centro. Mantuvo “unas cuantas reuniones” con el director y la jefa de estudios. Con el objetivo de tener un conocimiento real de la situación, la jefa de estudios se comprometió a estar presente durante las clases de francés para vigilar el comportamiento de la docente. “Mientras la jefa de estudios hizo eso, la cosa fue medianamente bien”, reconoce Patricia, ya que la presencia de otro adulto parecía disuadir a la profesora. Sin embargo, la medida resultó inviable a largo plazo y, en cuanto cesó la vigilancia, “enseguida volvió a la carga”. A pesar de la insistencia de la madre a través de correos electrónicos, la dirección del colegio “la ignoró directamente”. Patricia lamenta que en ningún momento el equipo directivo haya admitido la existencia de un problema. “Nunca me reconocen en las reuniones que esta persona es conflictiva”, asegura, aunque entiende que puedan ser reticentes a “decir nada malo de un compañero”. Esta falta de reconocimiento y de soluciones efectivas la empujó a dar el siguiente paso: acudir a la Consejería de Educación. Desde enero de este año, Patricia ha presentado hasta tres escritos ante la Consejería, detallando los hechos y solicitando una intervención. La respuesta ha sido nula. “No he tenido respuesta en ningún momento, nunca”, lamenta. Este silencio es especialmente frustrante para la familia, ya que, como ella misma subraya, la administración “está obligada a responder”. La conclusión de Patricia es desoladora: “Ni la dirección del centro ni la jefatura de estudios, en este caso, ni la Consejería de Educación, han hecho nada para solventar el problema”. Uno de los aspectos más llamativos del caso es la falta de una denuncia colectiva más contundente por parte del resto de familias afectadas. Patricia ha intentado organizar a otros padres, pero se ha topado con lo que percibe como temor. “Yo no comprendo el miedo, no sé de dónde viene, aunque lo respeto”, admite. La madre especula con las posibles causas: “No sé si es miedo a que sus hijos tengan represalias por parte del colegio y por parte de la profesora, o le tienen miedo a la Consejería”. Con el final del curso a la vuelta de la esquina, Patricia se siente desesperanzada. Teme que, como ocurrió el año anterior, cualquier expediente o queja quede en el olvido al comenzar el nuevo ciclo escolar. Su prioridad ahora es que su hija termine las clases cuanto antes para poner fin a la situación. “Lo que quiero es que mi hija acabe de una vez”, confiesa, resignada a no seguir insistiendo ante una administración que no responde. “Yo ya no veo que me vayan a contestar”. Finalmente, Patricia ha querido matizar que su denuncia no es “un ataque a la docencia” en general, con la que nunca ha tenido problemas, sino una acción dirigida “en concreto al silencio de la Consejería de Educación”, a la inacción de la dirección del centro y al comportamiento específico de esta docente. Su testimonio en los medios de comunicación es el último recurso de una madre que busca respuestas y, sobre todo, proteger el bienestar de su hija.
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