Cope Zaragoza
Un joven de 24 años ha sido detenido en Zaragoza tras ser sorprendido dentro de un bar en el que había entrado a robar en el barrio de Las Fuentes. El encargado del establecimiento lo encontró en el interior comiéndose una bolsa de snacks de la marca aragonesa Jumpers y bebiendo cerveza, esperando con total tranquilidad la llegada de la Policía Nacional. Los hechos han ocurrido en el bar del campo de fútbol de Santo Domingo de Silos. Según las primeras investigaciones, el individuo ha accedido tras reventar el cristal de la puerta con una piedra de gran tamaño y, al no encontrar dinero, ha decidido quedarse a comer. Se ha preparado un bocadillo de atún, se ha comido una croqueta de jamón y se ha servido dos cervezas para acompañar una bolsa de Jumpers. Lejos de huir, cuando el encargado del establecimiento ha aparecido, el asaltante le ha espetado con total tranquilidad que “ahora ese era su bar” y que no tenía intención de marcharse. Ante la surrealista situación, el trabajador ha avisado a la Policía Nacional, a la que el ladrón ha esperado sin oponer resistencia para ser detenido. El individuo ya ha ingresado en prisión al estar relacionado con otros cuatro delitos de la misma índole. Según los agentes encargados de la investigación, se le atribuyen robos en un centro de salud, en un centro educativo, una residencia de ancianos y un garaje comunitario. Tras conocer la noticia, la empresa aragonesa de snacks Jumpers se ha puesto en contacto con el dueño del local para ofrecerse a hacerse cargo de la instalación de una alarma de seguridad. Walter Huarcaya Rodriguez, director de marketing de la compañía, ha justificado el gesto de la marca. “En Jumpers llevamos años metiéndonos donde nadie nos llama. Esta vez alguien se nos adelantó. Entendemos que unas Jumpers en un momento así son irresistibles, así que algo de responsabilidad tenemos. La alarma la pagamos nosotros”, ha asegurado Huarcaya. El propietario del establecimiento ha agradecido la iniciativa. Dentro del mal trago, la historia ha terminado convirtiéndose en una anécdota surrealista para el dueño del bar.
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