Cope Zaragoza
El mes de mayo trae consigo un aumento en las primeras comuniones en Salamanca, con 1.108 niños y niñas participando en 2024, una cifra superior a los 961 del año anterior. Sin embargo, este incremento viene acompañado de una escalada en los costes. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el gasto medio ha ascendido a 6.800 euros, lo que supone un aumento del 21% respecto al año pasado, con una horquilla de precios que va desde los 3.200 hasta más de 12.000 euros. Frente a esta tendencia, la Diócesis de Salamanca aboga por recuperar el sentido original del sacramento. José Ángel Ávila, delegado de catequesis, explica que el verdadero propósito es "recibir y abrazar a Dios", lejos del "materialismo que impone la sociedad actual". Según Ávila, tras los tres años de catequesis, los niños muestran una mayor receptividad y motivación hacia la fe, un interés que se ha visto incrementado en los últimos años. El sacerdote destaca los esfuerzos por renovar la formación religiosa. "Vamos avanzando hacia ese camino de hacer una catequesis mucho más viva, más testimonial, más experiencial, de ayudarles a iniciarse en la oración y en la celebración de la eucaristía", afirma. Ávila percibe "una mayor motivación, un mayor interés de querer conocer y vivir el tema de la fe de la iglesia" en comparación con años anteriores. El banquete representa una parte importante del presupuesto, con un coste medio de 90 euros por persona y menús que oscilan entre los 50 y los 220 euros. No obstante, muchas familias optan por celebraciones más íntimas y económicas en casa. Ávila relata el caso de una familia que lo celebró en su hogar, resultando en un encuentro "muy entrañable" y "más familiar", lejos del "ruido y de los regalos" de un restaurante. El vestuario es otro de los grandes gastos, pero también surgen alternativas. Algunos colegios celebran comuniones conjuntas con el uniforme escolar, y otras familias recurren a trajes donados o prestados. Ávila sugiere incluso una solución comunitaria: "Este año vamos a comprar unas túnicas y van a quedar ahí en la parroquia, y, entonces, esas túnicas van a ser usadas por los niños que a partir de ahora se vayan a comulgar". Sorprendentemente, no todos los niños desean regalos caros. El delegado de catequesis comparte el ejemplo de "un niño que le pidió expresamente en una carta a su familia que no le dieran regalos, y que todo el dinero que iban a gastar en eso, pues lo metiera en una hucha porque lo iba a donar a una asociación benéfica". Para Ávila, estos son "ejemplos increíbles", y concluye que "a veces los niños los sorprenden y son los que educan a los propios padres". El catequista también señala la presión que sienten algunos menores por las expectativas familiares y la obsesión por las redes sociales. Muchos padres se centran en fotografiar y grabar en lugar de vivir el momento. En este sentido, Ávila concluye que "hay familias y niños que me han comentado que han disfrutado mucho más de la celebración que estar pendiente de su propio traje o de las fotos".
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