ABC
La escena se repite cada curso en miles de aulas. Un estudiante se sienta frente al examen después de días de estudio intenso. Ha repasado los temas, ha hecho esquemas y hasta ha practicado ejercicios similares. Pero, en cuanto lee la primera pregunta, algo ocurre: la mente se paraliza. El corazón se acelera, las manos sudan y las respuestas desaparecen de golpe. Ese bloqueo mental, especialmente frecuente en épocas de exámenes finales o Selectividad, preocupa cada vez más a familias y docentes. Y no siempre tiene que ver con falta de preparación. Cuando el estudiante percibe el examen como una amenaza, el cuerpo activa una respuesta de estrés que dispara la ansiedad y dificulta procesos esenciales como la memoria o la concentración. El resultado es una sensación de vacío mental que puede aparecer incluso en alumnos con buen rendimiento académico. La presión por obtener determinadas notas, el miedo a decepcionar a la familia o la idea de que «todo depende de este examen» actúan como detonantes. En pruebas decisivas, como la Selectividad, el problema se intensifica . Los síntomas suelen ser muy reconocibles: incapacidad para recordar conceptos aparentemente aprendidos, dificultad para comprender preguntas sencillas, pensamientos negativos constantes o sensación de pánico repentino. Algunos estudiantes incluso experimentan molestias físicas, como náuseas, temblores o taquicardia. Los expertos recomiendan cambiar el enfoque. Más que insistir en el resultado, aconsejan transmitir tranquilidad y confianza . Recordar al hijo que un examen es importante, pero no determina su valor personal ni su futuro, ayuda a reducir la sensación de amenaza que alimenta el bloqueo. También es fundamental cuidar las rutinas previas. Dormir bien, hacer descansos durante el estudio y mantener horarios razonables mejora la capacidad de concentración y disminuye la saturación mental. Muchos estudiantes, especialmente en épocas de alta exigencia académica, caen en el error de reducir horas de sueño para estudiar más , cuando el cansancio termina jugando en contra. Otra herramienta útil es practicar simulacros de examen en casa. Reproducir condiciones similares a las reales —con tiempo limitado y sin interrupciones— ayuda al cerebro a familiarizarse con la situación y reduce la ansiedad cuando llega el momento verdadero. Los especialistas también recomiendan enseñar a los adolescentes pequeñas técnicas para recuperar el control si el bloqueo aparece durante la prueba. Una de las más eficaces es detenerse unos segundos y respirar profundamente antes de continuar. Ese breve parón ayuda a disminuir la activación física y facilita recuperar la claridad mental. Empezar por las preguntas más sencillas también puede marcar la diferencia. Resolver primero aquello que se domina genera sensación de control y permite ganar confianza antes de afrontar las cuestiones más complejas.
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