Cope Zaragoza
La salida de Borja Jiménez del banquillo del Real Sporting de Gijón ha desatado una tormenta. Sus controvertidas declaraciones en Málaga, donde aludió a su agente, han sido la gota que ha colmado el vaso, exponiendo el fracaso del proyecto de Grupo Orlegi. El consenso entre los analistas es claro: la marcha del técnico era inevitable. La metáfora empleada es contundente: "El capitán ha saltado del barco, el primero", una frase que señala tanto la responsabilidad de Jiménez como el estado precario del propio "barco", el club. Hay voces que piden su cese inmediato, afirmando que "Borja Jiménez no puede seguir ni un minuto más en el Real Sporting de Gijón". Las declaraciones del técnico son vistas como una "falta de respeto al sportinguismo". Aunque hay quien opina que simplemente "se confunde en el mensaje que quiere transmitir" al intentar explicar que no tiene otras ofertas, el daño ya está hecho. La decisión del club de anunciar ahora su marcha se interpreta como una estrategia para "desviar la atención" de la crisis institucional de fondo. Un repaso estadístico a los últimos entrenadores pone en contexto el rendimiento de Jiménez. Con una media de 1.39 puntos por partido en 31 encuentros, se ve superado por varios de sus predecesores. Garitano, por ejemplo, ostenta el mejor registro con 1.5 puntos en 16 partidos, lo que genera dudas sobre su destitución en su momento. Tanto David Gallego (100 puntos en 70 partidos) como Miguel Ángel Ramírez (87 puntos en 61 partidos) comparten una media superior de 1.43 puntos. Estas cifras evidencian la falta de mejora deportiva y la inestabilidad constante en el banquillo, con Pep Lluís Martí como el peor parado, con solo 6 puntos en 10 jornadas. Más allá del entrenador, la principal preocupación es el proyecto del Grupo Orlegi. La pregunta de fondo que nadie sabe responder es "¿qué quiere ser el Sporting?". El club parece instalado en una "mediocridad absoluta", sin una identidad clara: ni es un club de cantera, ni fichador, ni cuenta con una estructura directiva de primer nivel. La estrategia de la directiva es fuertemente cuestionada. Los expertos señalan que buscar la rentabilidad en negocios secundarios es un error, porque "la rentabilidad en el fútbol, por lo menos en el español, está en subir a Primera División". Sin el éxito deportivo, el modelo de negocio está abocado al fracaso, ya que en Segunda División se está "muerto". La plantilla actual es señalada como uno de los grandes problemas. Se considera que al menos "diez jugadores de la plantilla del Sporting no dan el nivel" para la categoría. El reto para la próxima temporada es mayúsculo, pues implica no solo fichar, sino también afrontar los finiquitos de los 18 jugadores con contrato en vigor, lo que exige una gran inversión económica. El futuro se presenta sombrío y el pesimismo es generalizado. La sensación es que el club está atrapado en un bucle donde se despedirá a ocho jugadores para "traer a ochos idénticos". La desconfianza en la actual gestión deportiva es total, y la afición afronta la situación con una mezcla de resignación y la exigencia de una sexta plaza que hoy parece surrealista.
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