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Un estudio sobre el tesoro recuperado del Whydah Gally, el navío capturado por el pirata Samuel Bellamy en 1717, revela que las impurezas presentes en el oro akan no eran señales de adulteración, sino características naturales de los yacimientos de África Occidental. El hallazgo obliga a replantear parte de las crónicas coloniales europeas sobre el comercio atlántico.
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