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El motín interno contra Keir Starmer ha devuelto una imagen que el Partido Laborista prometió erradicar cuando regresó al poder en 2024, la de un primer ministro cuestionado por sus propios diputados, dimisiones dentro del Gobierno y una sensación creciente de fragilidad política instalada de nuevo en Downing Street. Menos de dos años después de la contundente victoria laborista en las elecciones generales, más de ochenta parlamentarios del partido reclaman la salida del jefe del Ejecutivo o exigen que fije un calendario para su marcha, mientras más de cien diputados intentan cerrar filas para evitar una batalla por el liderazgo. La escena resulta familiar para la política británica reciente. Durante los catorce años de gobiernos conservadores, el Reino Unido atravesó... Ver Más
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