Ultima Hora Mallorca
La verdad es que las suscripciones existen desde hace mucho tiempo. Suscribirte a algo era una característica que denotaba cierto prestigio y, desde luego, un serio interés por aquello a lo que se suscribía la gente. Mi abuelo, que no leía nada salvo el periódico, estuvo suscrito a diferentes colecciones de libros y de revistas. Recuerdo una enciclopedia de Cataluña -mi abuelo había nacido en Lliçà d’Amunt- que siempre tuvo un lugar preferente en la librería de su salón. También otra de grandes clásicos de la literatura universal, y unos tochos enormes de obras de Josep Pla traducidas al castellano cuyas páginas estuvieron pegadas -cosidas, se decía- hasta muchos años después. Aquellas eran las cosas a las que uno se podía suscribir. Pagando, por supuesto. Puesto que suscribirse significa abonarse o registrarse para recibir servicios o publicaciones periódicas. Mis padres también estuvieron muchos años suscritos a La Vanguardia, hasta que se dieron de baja porque un vecino que se levantaba muy temprano los fines de semana se la agenciaba. En fin.
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