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La española que se convierte en la primera almirante de la historia buscando las minas del rey Salomón | Collector
La española que se convierte en la primera almirante de la historia buscando las minas del rey Salomón
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La española que se convierte en la primera almirante de la historia buscando las minas del rey Salomón

La historia está repleta de relatos que parecen extraídos de una película, y uno de los más fascinantes es la búsqueda española de las minas del rey Salomón en el siglo XVI. Esta aventura, que combina mitos, leyendas y una ambición desmedida, no solo exploró los confines del mundo conocido, sino que también dio lugar a una de las figuras más extraordinarias y olvidadas: Isabel de Barreto, la primera mujer en ostentar el título de Almiranta de la Mar Océana. El historiador Óscar Uceda, de la asociación Antoni Campmany, ha desgranado los detalles de esta increíble epopeya, que comenzó tras la conquista del Perú por Pizarro, cuando los españoles entraron en contacto con leyendas incas sobre islas repletas de oro en el Pacífico. La chispa de la expedición la ha encendido un erudito de la época, Pedro Sarmiento de Gamboa, quien, basándose en las leyendas locales y en sus propios estudios, ha llegado a la conclusión de que esas islas de la leyenda eran en realidad la legendaria Ofir, donde se encontraban las minas del rey Salomón. Según sus cálculos, estas tierras se ubicaban en algún lugar cerca de la actual Australia. Aunque Sarmiento ha organizado la empresa, ha fallecido antes de que zarpara. El mando ha recaído en el gallego Álvaro de Mendaña, quien ha liderado la expedición. Como explica Uceda, en aquella época estas empresas eran de capital privado; el rey solo otorgaba el permiso a cambio del "quinto real", un impuesto del 20% sobre las ganancias. "Un chollo para el estado en aquesta época, que todo era private", señala el historiador. La flota, compuesta por tres barcos, ha llegado a un archipiélago que han bautizado como las Islas Salomón, convencidos de haber encontrado su objetivo. Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. Durante semanas, han buscado infructuosamente las famosas minas de oro, pero no han encontrado "res" (nada). La expedición ha sido un fracaso absoluto y ha llevado a la ruina económica a Mendaña. A pesar del desastre, de este viaje ha quedado un legado toponímico: uno de los miembros de la tripulación, Pedro Ortega Valencia, natural de Guadalcanal, ha bautizado una de las islas con el nombre de su pueblo, un nombre que se haría tristemente famoso durante la Segunda Guerra Mundial. Pese al fracaso, Mendaña estaba obsesionado con que las minas realmente estaban allí y que debía volver. Tras años de esfuerzos, ha logrado organizar una segunda expedición, y aquí es donde la historia da un giro radical con la aparición de Isabel de Barreto de Castro, su esposa. Originaria de Pontevedra, Isabel era una mujer "muy rica" que ha financiado en gran parte este segundo intento. A diferencia de la primera, esta nueva expedición no solo tenía fines exploratorios, sino también colonizadores. Por ello, algo inaudito para la época, en los barcos viajaban colonos, pobladores y familias enteras, incluida la de la propia Isabel. La travesía ha sido de nuevo un cúmulo de desdichas. Tras desviarse de su ruta y descubrir por casualidad las Islas Marquesas, finalmente han llegado a las Salomón. Sin embargo, la expedición ya estaba muy debilitada tras meses en el mar. La tragedia ha culminado con la muerte del propio Álvaro de Mendaña en la isla de Santa Cruz, víctima de una enfermedad. Con su muerte, el título que le había concedido el rey, "Adelantado de la Mar Océana", que era hereditario, ha pasado a su viuda. Así, Isabel de Barreto se ha convertido en "almiranta, almiranta de la mar oceana", la primera de la historia, como subraya Uceda. Isabel ha heredado el mando en las circunstancias más difíciles que se puedan imaginar. Se ha encontrado al frente de una tripulación de "mucho mariné y, sobre todo, mucho soldar veterano", hombres rudos y poco dispuestos a obedecer a una mujer. Además, ha tenido que lidiar con la hostilidad del piloto y cronista de la expedición, el portugués Pedro Fernandes de Queirós, con quien mantenía una "relación pésima" y que más tarde la retrataría de forma muy negativa en sus crónicas. A pesar de todo, Queirós ha tenido que reconocer la inteligencia y el pragmatismo de Isabel en su decisión más crucial. Con la expedición diezmada y sin esperanzas de encontrar oro, la nueva almiranta ha tomado la valiente decisión de abandonar la búsqueda de las quiméricas minas y poner rumbo al territorio español más cercano: las Filipinas. Ha demostrado ser "todo un carácter", como la describe el historiador, y ha conseguido llevar los restos de la expedición hasta la ciudad de Manila. Allí, lejos de hundirse, Isabel de Barreto ha rehecho su vida, se ha vuelto a casar con un general y ha continuado con su vida. Su historia, una mezcla de aventura, tragedia y liderazgo, representa un capítulo único y asombroso, no solo de la historia de España, sino de la humanidad.

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