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La universidad que rompe barreras: estudiantes y migrantes construyen un futuro juntos en Gran Canaria
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La universidad que rompe barreras: estudiantes y migrantes construyen un futuro juntos en Gran Canaria

Un proyecto impulsado por el Banco de Alimentos y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) está ayudando a jóvenes africanos a formarse y encontrar una salida laboral, al tiempo que derriba prejuicios. La iniciativa, que pone en contacto a estudiantes universitarios con jóvenes migrantes, busca ir más allá de las cifras para mostrar el lado humano de la inmigración, fomentando una inclusión real a través de la formación y la convivencia. El programa nació de un proyecto anterior llamado UFIT, que ofrecía clases de lengua española y competencias clave a migrantes. Según explicó Susane Cranfield, profesora de la Facultad de Traducción e Interpretación de la ULPGC, en el programa 'Herrera en COPE Gran Canaria', la iniciativa obtuvo un premio de la red de universidades europeas EURUA (European Reform University Alliance), lo que impulsó la colaboración con el Banco de Alimentos. Gracias a la financiación del Gobierno de Canarias a través de su Agenda 2030, los jóvenes reciben formación profesional como carretilleros, manipuladores de alimentos y mozos de almacén. Cranfield destaca la enorme motivación de estos jóvenes, que han demostrado tener "muchísimas ganas de encontrar trabajo, de formarse, de contribuir a la sociedad, de sentirse útiles". Para ellos, como para cualquiera, es fundamental "tener un propósito en la vida", y su principal objetivo es ayudar a sus familias y acceder a la educación para tener una oportunidad. El proyecto no solo beneficia a los jóvenes migrantes, sino que también enriquece a la comunidad universitaria. Cranfield, también directora del grupo de cooperación de la ULPGC 'Unidos', señala que la iniciativa es multidisciplinar y cuenta con estudiantes de grados tan diversos como arquitectura, ingenierías, derecho o lenguas modernas. Esto lo convierte en "un punto de encuentro para ellos", que normalmente están "aislados, entre comillas, en sus propios campos de estudio". Sofía Olivares, estudiante de Derecho y voluntaria, conoció el proyecto a través de un correo de la universidad y decidió apuntarse. Admite que al principio fue "un poco un desafío" dar clase sin experiencia previa, especialmente a personas sin ninguna base de español. Sin embargo, con el tiempo, la experiencia ha resultado ser "extremadamente enriquecedora". Olivares está convencida de que este tipo de voluntariado puede cambiar percepciones. Aunque su perspectiva siempre ha sido inclusiva, opina que "si alguien tenía algún tipo de prejuicio antes de empezar, seguramente su visión ha cambiado". Al interactuar con ellos, se ve que "simplemente son adolescentes normales que han tenido como ese plus de desafío para poder continuar con su vida". La estudiante de Derecho, que ya había participado en otras actividades de justicia social, asegura que es una experiencia que "recomiendo y que repetiría, sin dudarlo". Para ella, lo más gratificante es ver la satisfacción en las caras de los alumnos cuando entienden y disfrutan del proceso, sintiéndose integrados y creando "un círculo de apoyo" entre ellos. Un aspecto clave que subraya Cranfield es el concepto de inclusión social. "Hablamos más bien de inclusión en la sociedad", afirma, explicando que no se trata solo de que los migrantes se adapten, sino de "que construyamos una sociedad en conjunto". La idea es que la sociedad canaria, con su tradición de apoyo, se enriquezca con "la aportación de personas de otras culturas y de otras lenguas" para mejorar como comunidad. Para facilitar esta labor, uno de los objetivos del proyecto es crear un repositorio de materiales de acceso abierto para la enseñanza de español a migrantes. Cranfield explica que los propios estudiantes han creado y recopilado recursos que actualmente están "muy dispersos por toda la web", con el fin de unificarlos y hacerlos accesibles para cualquiera que los necesite. Desde el inicio del proyecto, se ha ayudado a alrededor de 100 jóvenes migrantes. No obstante, el proceso no está exento de dificultades emocionales. Los traslados a la península, a menudo comunicados de un día para otro, suponen un "cierto desarraigo emocional" para los voluntarios, que cogen "mucho cariño a los jóvenes" y de repente dejan de verlos, lo que Cranfield califica como un "proceso también difícil". Sofía Olivares concluye con una reflexión sobre la importancia de la implicación personal para cambiar la narrativa sobre la inmigración. "Es muy fácil ver a la gente como un grupo", pero al conocer sus "historias individuales", se empieza a ver a las personas. Dado el éxito de la iniciativa, el rector de la ULPGC, Lluís Serra, ya ha adelantado que se prepara una nueva edición del curso en colaboración con el Banco de Alimentos.

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