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Luis Argüello el día del patrón de Valladolid: "Dejemos que el Señor nos ayude en el camino de la santidad con los llamados consejos evangélicos que Pedro Regalado profesó como fraile franciscano: la pobreza, la castidad y la obediencia" | Collector
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Luis Argüello el día del patrón de Valladolid: "Dejemos que el Señor nos ayude en el camino de la santidad con los llamados consejos evangélicos que Pedro Regalado profesó como fraile franciscano: la pobreza, la castidad y la obediencia"

En la celebración de la fiesta de su patrono, San Pedro Regalado, y en pleno Año Jubilar diocesano, la Iglesia de Valladolid ha propuesto la santidad como un camino actual para afrontar los problemas sociales. La homilía del Arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha reflexionado sobre cómo la vida de los santos puede ofrecer respuestas a un hombre contemporáneo “abrumado por incertidumbres, pero que sigue buscando libertad, amor y alegría”. El discurso define la santidad como la “perfección de la caridad”, una entrega que va más allá de corresponder solo a quien nos ama. Frente a la idea de que es un camino para elegidos, se presenta como una posibilidad para todos, consistente en dejar que el Espíritu actúe para transformar la vida cotidiana y las relaciones con los demás y con los bienes materiales. Argüello profundiza en el consejo evangélico de la pobreza como una herramienta para establecer una “nueva relación con los bienes” y no “idolatrar el dinero”. Se plantea cuestiones directas sobre problemas actuales como la crisis de la vivienda, preguntando si el precio del alquiler debe regirse únicamente por “el criterio del mercado”. Asimismo, se interpela a empresarios sobre el pago de salarios justos frente a la tentación de ofrecer sueldos bajos o “pagar en negro” aprovechando la vulnerabilidad de parados o inmigrantes. También se cuestiona a los trabajadores sobre su dedicación y a los consumidores sobre el gasto desmedido, proponiendo el voluntariado como una forma de entrega del tiempo. En cuanto a la castidad, la homilía la presenta como una “vida contracorriente” que vincula la sexualidad a una “alianza de amor” y a la transmisión de la vida. Se reflexiona sobre el reto de acoger un hijo “aunque suponga estrecheces y esfuerzo” frente a las dificultades de las condiciones laborales o la vivienda. La obediencia se describe como la clave para desobedecer “a lo políticamente correcto” y a las “reglas del juego dominante”. Se dirige a quienes ostentan el poder democrático, preguntando si lo ejercen en obediencia “a la justicia, a la Constitución y las leyes, a la dignidad de la vida humana, al bien común” o si, por el contrario, “el poder se convierte en un fin en sí mismo que hay que conservar a toda costa, por lo cual el adversario se transforma en enemigo”. La homilía advierte que sin la fuerza de la santidad, existe el riesgo de la corrupción, que nace de la “codicia, lujuria y soberbia”. Se critica que el sistema cultural y económico dominante realiza un “elogio permanente del dinero, la sexualidad sin vínculos y el empoderamiento individual”.

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