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Con motivo del Día del Niño Hospitalizado, la unidad de hospitalización pediátrica del Hospital Universitario de Navarra trabaja para hacer más llevadera la estancia de los menores ingresados. Irene Guembe, jefa de la unidad, explica que el objetivo es "acompañar a los niños, a las familias, a intentar que sea la estancia lo más amena posible". Para ello, se esfuerzan en mantener a los pequeños distraídos y entretenidos a través de diferentes actividades. En la unidad ingresan pacientes desde bebés hasta los 15 años, con patologías muy diversas. Según relata Guembe, aunque muchas situaciones son banales y se resuelven en pocos días, también se enfrentan a "diagnósticos de enfermedades crónicas o enfermedades largas y degenerativas". Estas estancias, que pueden ser "muy, muy largas y recurrentes", son "bastante difíciles" tanto para los niños como para sus familias. La percepción de la hospitalización varía enormemente con la edad. Mientras los más pequeños no son muy conscientes de su enfermedad y sus preocupaciones se centran en "cuándo puedo comer, me quiero ir a casa, quiero bajar al parque", con los adolescentes "la gestión es más difícil". Ellos son más conscientes de todo lo que se pierden fuera: "estar con sus amigos, ir al cole, el viaje de estudios, su entrenamiento de fútbol..." El impacto es especialmente duro en los ingresos prolongados por enfermedades como el cáncer. "Se les para la vida, se congela todo y de repente viven aquí en el hospital", afirma Guembe. La vida de estos jóvenes queda en suspenso, alternando la estancia hospitalaria con una situación igualmente complicada en casa. Mantener una rutina similar a la de casa es prácticamente imposible en el hospital. Irene Guembe señala que "el tiempo aquí es eterno, o sea, aquí las horas pasan superdespacio para los que están ingresados". La vida diaria gira en torno a los horarios del hospital, como los turnos de comidas o medicación, y la agenda del paciente cambia constantemente en función de si tiene "una prueba, si van a quirófano o si les toca estar en ayunas". Para combatir el tedio y el aislamiento, el hospital ofrece un apoyo integral. A nivel educativo, el aula hospitalaria, atendida por dos profesoras, se coordina con los centros de referencia de los niños para que no se desvinculen de su recorrido académico. Este soporte se presta tanto en el aula como de forma individual en las habitaciones. El entretenimiento es otra pieza clave. La jefa de la unidad destaca la labor del voluntariado, que organiza actividades como "juegos de magia, experimentos" o visitas de payasos. "A los críos les distrae, les saca de la rutina y del pensamiento y de y del sentirse encerrados y del aburrimiento", agradece Gemme. Además, en fechas especiales como Navidad o el propio Día del Niño Hospitalizado, reciben visitas de equipos deportivos que les entregan regalos. El apoyo a las familias es igualmente fundamental, ya que, como subraya Guembe, "los niños vienen en pack" y los padres "sufren mucho". Las actividades de entretenimiento para los pequeños ofrecen a los padres "un momento de desahogo, de descanso". Esta experiencia compartida forja un "vínculo enorme" entre el personal, los niños y sus familias. "Son nuestros chiquiticos, para nosotros son parte de nuestro día a día", concluye.
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