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Mientras Madrid sigue su ritmo habitual en la superficie, bajo tierra hay una máquina gigantesca trabajando casi sin descanso. Se llama Mayrit y es la tuneladora encargada de perforar el nuevo tramo de la Línea 11 de Metro entre Plaza Elíptica y Conde de Casal. Pero no solo excava. También construye el propio túnel mientras avanza. Una máquina de decenas de metros de longitud que perfora el terreno a un ritmo cercano a los 20 metros diarios. Y justo detrás de la enorme rueda que va abriendo paso bajo tierra, comienza otro trabajo todavía más preciso: montar el túnel desde dentro. Porque el túnel no se queda simplemente excavado. Mayrit lo deja terminado al instante gracias a miles de piezas de hormigón llamadas dovelas. Son grandes bloques curvos que, unidos, forman las paredes del túnel. Como si fuera un gigantesco puzle subterráneo. Cada tramo del túnel se construye formando anillos. Y cada anillo está compuesto por siete dovelas: seis piezas grandes y una más pequeña que sirve para ajustar curvas, desniveles o pequeños cambios de dirección. Las piezas se colocan una a una dentro de la propia tuneladora hasta formar un círculo perfecto. Después, ese anillo queda unido al siguiente y así, poco a poco, el túnel va tomando forma mientras la máquina sigue avanzando metros y metros bajo tierra. En total, para este tramo de la Línea 11 harán falta más de 3.000 anillos y alrededor de 21.000 dovelas. Una cifra gigantesca que obliga a mantener una producción constante durante meses. La fábrica que trabaja solo para Metro Todas las piezas se fabrican en Noblejas, en Toledo, en unas instalaciones levantadas específicamente para esta ampliación de Metro. La planta empezó a funcionar en septiembre de 2025 y trabaja prácticamente a ritmo industrial. Allí hay unos 50 trabajadores repartidos en turnos de mañana y tarde y capaces de fabricar hasta 42 dovelas al día. La fábrica cuenta con 42 moldes distintos, 33 de ellos dentro de cámaras especiales de curado. El proceso está completamente medido. Primero se limpian los moldes. Después se coloca la armadura metálica y los conectores que unirán unas piezas con otras. Luego llega el hormigón, reforzado con fibras especiales de acero y polipropileno que mejoran la resistencia y el comportamiento frente al fuego. Cada dovela tarda entre siete y nueve horas en estar terminada. Y cuando sale del molde pesa unas 5,7 toneladas. Aun así, la fábrica consigue producir unas 42 piezas al día gracias a un sistema prácticamente industrial que funciona con enorme precisión. Nada queda al azar. Cada dovela lleva incorporado un código QR con toda su información: cuándo se fabricó, qué operarios participaron en el proceso o en qué punto del túnel irá colocada. Esa trazabilidad es fundamental porque el momento más delicado de cada pieza no es cuando ya está instalada bajo tierra, sino durante su fabricación y transporte. Una vez colocadas dentro del túnel, quedan unidas entre sí formando una estructura completamente impermeable y resistente al fuego. De Toledo a Madrid: hasta diez viajes diarios Cuando las dovelas están listas, comienza otra operación igual de importante: trasladarlas hasta Madrid. Cada camión especial transporta las piezas necesarias para montar un anillo completo del túnel. Ahora mismo salen entre siete y diez expediciones diarias desde Noblejas hasta las obras de la Línea 11. Y todo para alimentar a Mayrit, que trabaja prácticamente los siete días de la semana y solo se detiene cuando hay que cambiar componentes desgastados de la máquina. Una obra gigantesca para la futura Línea 11. La ampliación de la Línea 11 es uno de los proyectos de Metro más ambiciosos de los últimos años. El objetivo final es convertir esta línea en una gran diagonal que cruce Madrid y conecte Cuatro Vientos con Valdebebas a lo largo de 33 kilómetros. De momento, Mayrit sigue avanzando bajo tierra. Y mientras excava, detrás va dejando colocado, pieza a pieza, el futuro túnel por el que circularán los trenes dentro de unos años.
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